Quinquela Martín
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martes, 15 de septiembre de 2020

“Desde abajo” de Aurora Olmedo


Cuando yo miraba el mundo desde abajo
todo eran tan grande que una planta me parecía un bosque,
Mi cuerpo parecía era un manojo de pájaros donde todo era asombro.
Y la felicidad era fácil y el llanto también
cuando las monjas de mi escuela
me ponían en penitencia por mi mala caligrafía.
Yo jugaban con soldaditos porque las muñecas me aburrían
y los jazmines de mis abuelos eran mi mejor paraíso.
Cuando yo miraba el mundo desde bajo…


“Pudor a la vuelta de la arruga” de Aurora Olmedo


Nos dijimos adiós sin siquiera habernos presentado
porque así son los estragos de la madurez.
El amor fue una crucifixión con mártires a cuenta
una contradicción de adultos a la fuga.
un sudor de la lluvia vuelta nada en el viento.
No nos atrevimos nunca.
Un atardecer que se estaba suicidando de belleza
nos vio mirarnos y partir sin decirnos nada,
con la absurdidad del miedo y un pudor a la vuelta de la arruga
justo donde el aire se convierte en asfixia.

“El amor entre nosotros” de Aurora Olmedo


El amor entre nosotros fue como un duelo de crepúsculos,
una censura de besos con candaditos sin llaves,
y un orgullo no resuelto saltando en nuestros gestos inventados.
Fue una batalla de versos con rima, sin rima y con resguardos,
Fue un amor con disfraces de sotanas góticas,
con tus huestes de inquisidores y una hoguera para mí
porque bruja me llamaste y no te perdonaste mis hechizos.
Y rasgaste mi piel en plena fuga, en pleno esplendor de muslos habladores.
Y yo, libre, solamente anhelando una fruta madura
entre los dientes blandos que no logró la mordedura.
Fue como un diluvio de lágrimas pesadas como plomos sobre ceniceros
y una servilleta de papel escrita en el bar a la vuelta de la luna.

“El sueño jubilado” de Aurora Olmedo


Mi sueño se jubiló y sin decirme nada,
se fue volando detrás de los vencejos.
Se retiró a un asilo privado con visitas restringidas.
Y hubo un ejercicio de piedad en mi ciudad
y los árboles comenzaron a caminar
para hacerme un cortejo con nidos y amor de clorofila,
y las alcantarillas despedían mariposas con brillitos
y los postes de luz se doblaban en señal de respeto.
Pero la tarde seguía triste, tan triste como una quema de libros
y caían del cielo palomas oxidadas por exceso de huelgas.
Mi sueño se rindió antes que yo y ahora me quedo
como una armadura donde retumba el eco
Quizás mañana cuelgue al sol sus exequias de humo
y luego vacíe los cajones y corte el cordón umbilical
con mi sueño que ahora anda con bastón y toma pastillitas.
Y ojala que, en los días que vendrán
la vida parezca igual, casi igual
y mi pecho no se dé cuenta de que está hueco, vacío
como un saco de adiós por donde se filtra el viento.

“Y ahora me quedan” de Aurora Olmedo


Todavía conservo las aves colgando de las nubes
para no interrumpir el vuelo,
al viento del norte sosteniendo el sol aún en pijamas
en aquel amanecer con agujeritos.
Y ahora me quedan manteles sin usar
se quedan las gotas espesas de ti en los muslos con cinturón de castidad,
las siestas sin dormir galopando libre por tu cuerpo mío,
los cuadros y a las lámparas que miraban nuestros celos.
Me quedan los trinos dispersos en las hojas de algún otoño trashumante,
las flores de plástico que compré para no verlas morir,
la colección de gatos que nos miraban tratando de escapar de la porcelana.
los panes caseros quemados por mi olvido sobre la mesa,
los fantasmas absortos como maniquíes tristes,
las tazas sin café con sueros sepias.

viernes, 11 de septiembre de 2020

"Si te encontrase" de Aurora Olmedo


Si te encontrase, te pediría un café en el lado izquierdo de mi patio,
la fábrica con andamios llorones que nos guardamos en la mochila,
la caja de los amaneceres con nosotros saltando una rayuela, muertos de risa,
cabalgándonos el viento, y las trenzas sin canas
con las que te ataba a mi verso.
Te pediría, también, que me faltes el respeto,
que desates a los besos amontonaditos en la boca,
y que rescates de la aduana las cajas de los asombros
que me confiscaron como también confiscaron mis alas buenas.
Te pediría nuestra plaza con palomas en celo,
los torrentes de luz que me dejé en tu casa,
las cartas que no te escribí
pero que ya has leído, mi ausencia imperdonable.
Y sí, frascos con dulce de leche para mis memorias tristes
y la fruta madura de tu anhelo a punto,
tu mano por mi espalda, una renuncia a los pudores,
un cenicero sin prejuicios, una revolución a cuenta,
la lista de mis héroes con mi patria incluida,
manos aún jóvenes que guardaste en tus camisas.
Te pediría un pecado chiquito que nos quedó inconcluso,
pero primero, primero un café en el lado izquierdo de mi patio.

Aurora Olmedo, poeta argentina.