Quinquela Martín
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domingo, 21 de marzo de 2021

"A lo lejos… un canto" de Romeo Murga

 

A lo lejos se escucha un canto, vago y tembloroso, lejano, lejano… Una voz de niña, que en él va llorando, vibra cono un dulce timbre puro y claro. Solo y triste marcho por este camino que guardan los álamos. (Las casa que esperan al desesperado se ven al extremo del camino largo). Lentamente marcho.

Brillan las estrellas. Sollozan los álamos. Y llega de lejos, el canto. Al oírlo, todo se ha callado: el viento que pasa y el camino largo, la voz que en mí mismo me habla del pasado, la noche, los álamos… Y estoy solo, y triste, y alegre, y temblando, lleno de unas voces que nunca he escuchado, y más cerca que antes de tu amor lejano. Brillan las estrellas en el cielo pálido. Lentamente marcho. Junto a mí, la negra sombra de los álamos. A lo lejos, el canto…

viernes, 18 de septiembre de 2020

“Tu voz” de Romeo Murga


Tu voz, eso es lo que amo, más que tu corazón y casi más que a ti; esa cosa invisible que sale de tus labios, y junto a mis oídos, triste, viene a morir; esa cosa tan dulce con que tú me respondes y con que aquella tarde me dijiste que sí.
Tu voz, eso es lo que amo. ¡qué bonita es tu voz! Más que tu cuerpo todo y más que toda tu alma.
¡Qué manera que tienes de embellecer las sílabas, gotas del encantado surtidor de tu charla! ¡como vibra en el aire la música pequeña de tu voz, perfumada de evocaciones claras! ¡Con qué dulzura pende de tu boca graciosa en invisible y diáfano rosario de palabras!
Tu voz, eso es lo que amo; el eco triste y trémulo de tu alma triste y trémula; eso que cuando callas, se aleja hacia la sombra, y cuando vas a hablarme, desde la sombra llega.
Amo tu voz, tan tenue como la brisa que pasa rozándole los pétalos al clavel de tus labios, y otras veces tan ruda, que al escucharla ha sido como si un viento ronco me desbaratara el alma.
cuando tu voz me canta, bella fuente escondida, se hace alegre la turbia tristeza de mis tardes. Amada, no me pidas que te bese en la boca; tu boca es para hablarme. No quieras que te colme de efusión amorosa; yo soy para escucharte, solo para escucharte.
Háblame siempre. Siempre, menos en mi agonía, porque si en esa hora tu voz me acariciase, ya la gloria de Dios no me sabría a gloria, y encontraría débil el coro de los ángeles.


Romeo Murga (1904-1925), poeta chileno.