Se espantan al verme y se alejan.
Libro de Job
El viento no levanta ni una brizna
para su pecho ya estrujado de paja
porque inclinado sobre el campo
la alondra y los hombres esquivan
las mayates estacas de su sombra.
Me digo: ha de ser fatal que el tiempo
nos vista de harapos, simplificándonos
con raídos pantalones, de puro espanto.
Cómo vivirá ese pobre corazón
claveteado ahí siempre
bajo el círculo letal de los cuervos
entre el picotazo y el olvido
de espaldas al huerto de la esperanza:
sin resurrección, sin voz, sin palabra.