Quinquela Martín
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viernes, 29 de enero de 2021

“Modificaciones a lo largo del día” de Peter Handke

 

En tanto esté solo, seguiré siendo sólo yo solo.

En tanto esté entre conocidos, seguiré siendo un conocido.

Pero mientras me encuentre entre desconocidos:

En cuanto salgo a la calle: un peatón sale a la calle.

En cuanto me subo a un tranvía: un pasajero sube al tranvía.

En cuanto entro en una joyería: entra un señor en la joyería.

En cuanto empujo un carro de la compra por el auto-servicio: un

cliente lleva el carro de la compra por el autoservicio.

En cuanto entro en unos grandes almacenes: entra un comprador en

los grandes almacenes.

Después paso junto a los niños: y los niños ven a un adulto que pasa

junto a ellos. A continuación entro en una zona

prohibida: y los vigilantes ven a una persona no autorizada que está

entrando en una zona prohibida. Después veo en

la zona prohibida a los niños que echan a correr, y me convierto en un

vigilante del que los niños huyen corriendo

porque no les está permitido el paso en la zona.

Después me siento en la antesala como aspirante a una plaza.

Después escribo mi nombre en el reverso de un sobre como remitente.

Después relleno el vale de descuento como uno al que le sonríe la

suerte.

Después, tan pronto como me preguntan por la calle Schwarzen Weg,

me convierto en un conocedor del lugar.

Tan pronto como después veo lo increíble, me convierto en testigo.

Tan pronto como después entro en una iglesia, me convierto en un

laico.

Tan pronto como después me detengo frente a un accidente, me

convierto en un curioso.

Tan pronto como después no sé dónde está Schwarzen Weg, me

convierto de nuevo en alguien que no conoce la

calle Schwarzen Weg.

 En cuanto me tomo mi comida, ya puedo decir: ¡nosotros los

consumidores!

 En cuanto me roban algo, ya puedo decir: ¡nosotros los propietarios!

 En cuanto publico una esquela de defunción, ya puedo decir:

¡nosotros los de luto!

 En cuanto contemplo el universo, ya puedo decir: ¡nosotros los

humanos!

Leo la novela en las revistas, y me convierto en uno entre millones.

No cumplo mis obligaciones con las autoridades, y ya soy un

ciudadano.

No huyo durante el tumulto, y ya soy un rebelde.

Levanto la vista de la novela y contemplo a la belleza sentada frente a

mí, y nos convertimos en dos entre millones.

Después, alguien no se baja del tren en marcha - ¿alguien? -, un viajero.

Después, alguien habla sin acento - ¿alguien? -, un autóctono.

Después, alguien tiene un vecino de enfrente, y se convierte en el

vecino de enfrente.

Después, alguien deja de jugar sólo consigo mismo, y se convierte en un

contrincante.

Después, alguien en un barracón se convierte en jefe de barracón.

Después, alguien sale a rastras entre los arbustos de un parque, y se

convierte en un individuo sospechoso.

Después, alguien de quien se está hablando se convierte en objeto de la

conversación.

Después, alguien en una foto es reconocido, y se convierte en X.

Después, alguien pasea por el campo - ¿quién? -, un excursionista.

Cuando después, de pronto, un coche frena frente a mí: soy un

obstáculo.

Después, en la oscuridad, una silueta me reconoce y me convierto en

una silueta en la oscuridad.

Cuando, después, me observan con unos prismáticos, soy un objeto.

Después, alguien tropieza conmigo, y me convierto en un cuerpo.

Cuando después me pisan, soy un objeto blando.

Después me envuelven con algo, y me convierto en el contenido.

Después se descubre que ha pasado un hombre descalzo por la vereda

y que el autor del disparo ha tenido que ser

diestro y que alguien con el grupo sanguíneo tipo 0 ha estado aquí

tumbado y que yo, a juzgar por lo miserable de mi

aspecto, debo de ser un extranjero.

En cuanto me llaman, el llamado no hace caso a la llamada.

En cuanto estoy suficientemente lejos del observador, el objeto es tan

sólo un punto.

En cuanto, después, como observador, llamo a alguien, soy un buen

susto para el llamado.

Después, finalmente, me encuentro con un conocido, y dos

desconocidos se encuentran.

Después, finalmente, me dejan solo, y alguien se queda rezagado.

Después, finalmente, estoy solo, y alguien está a solas consigo mismo.

Después, finalmente, me siento junto a alguien en la hierba, y soy, al fin,

otro.

Peter Handke, escritor austriaco, ganador del Premio Nobel de Literatura 2019.

 

viernes, 6 de noviembre de 2020

“Cuando el niño era niño” de Peter Handke

 

Cuando el niño era niño,

andaba con los brazos colgando,

quería que el arroyo fuera un río,

que el río fuera un torrente,

y este charco el mar.

 

Cuando el niño era niño,

no sabía que era niño,

para él todo estaba animado,

y todas las almas eran una.

 

Cuando el niño era niño,

no tenía opinión sobre nada,

no tenía ningún hábito,

frecuentemente se sentaba en cuclillas,

y echaba a correr de pronto,

tenía un remolino en el pelo

y no ponía caras cuando lo fotografiaban.

 

Cuando el niño era niño

era el tiempo de preguntas como:

¿Por qué yo soy yo y no soy tú?

¿Por qué estoy aquí y por qué no allá?

¿Cuándo empezó el tiempo y dónde termina el espacio?

¿Acaso la vida bajo el sol es tan solo un sueño?

Lo que veo oigo y huelo,

 

¿no es sólo la apariencia de un mundo frente al mundo?

¿Existe de verdad el mal

y gente que en verdad es mala?

¿Cómo es posible que yo, el que yo soy,

no fuera antes de existir;

y que un día yo, el que yo soy,

ya no seré más éste que soy?

 

Cuando el niño era niño,

no podía tragar las espinacas, las judías,

el arroz con leche y la coliflor.

Ahora lo come todo y no por obligación.

 

Cuando el niño era niño,

despertó una vez en una cama extraña,

y ahora lo hace una y otra vez.

Muchas personas le parecían bellas,

y ahora, con suerte, solo en ocasiones.

Imaginaba claramente un paraíso

y ahora apenas puede intuirlo.

Nada podía pensar de la nada,

y ahora se estremece ante a ella.

 

Cuando el niño era niño,

jugaba abstraído,

y ahora se concentra en cosas como antes

sólo cuando esas cosas son su trabajo.

 

Cuando el niño era niño,

 

como alimento le bastaba una manzana y pan

y hoy sigue siendo así.

 

Cuando el niño era niño,

las moras le caían en la mano como sólo caen las moras

y aún sigue siendo así.

Las nueces frescas le eran ásperas en la lengua

y aún sigue siendo así.

En cada montaña ansiaba

la montaña más alta

y en cada ciudad ansiaba

una ciudad aún mayor

y aún sigue siendo así.

En la copa de un árbol cortaba las cerezas emocionado

como aún lo sigue estando,

Era tímido ante los extraños

y aún lo sigue siendo.

Esperaba la primera nieve

y aún la sigue esperando.

 

Cuando el niño era niño,

tiraba una vara como lanza contra un árbol,

y ésta aún sigue ahí, vibrando.

 

Peter Handke, escritor austriaco, ganador del Premio Nobel de Literatura 2019.