Quinquela Martín
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lunes, 16 de agosto de 2021

“Razón de todas las cosas” de Eduardo Espina

 

De tal manera imaginaria, las cosas sucedían

para que todo fuera donosura en lo desusado:

la racha entrometida del dedo en el deshabillé,

la sevicia por la blusa azul al soltarla basta el

desacato de desabotonar de las polainas a las

bragas en remedo de ilusiones todo lo demás,

y así el pulso, la unción en marcha él y el final.

Aposento de nombre en la pradera soleosa y

mudo a moverse a dar desvelo de júbilo pero

igual, no. Nadie en la piel más de la cuenta.

En la ducha los afeites hermosean el enredo

y regresa el agua a la noche donde se bañan.

El amor es la única imposibilidad necesaria

lunes, 24 de mayo de 2021

"Desvelos al pie del laberinto" de Eduardo Espina

 

Menos la mónada de los himnos al hado dando holgada la verdad con edad de libro y ludibrios al revés de las circunstancias en que otra lengua toca tu bezo y yo me desmenuzo al lamer el mar que moja el fundillo de la inoportuna vestimenta con su vislumbre por el bidet, pero tras la puerta anunciando la postración del dedo junto al apero y en la rotación de las bragas el mecanismo del monte que a su vigilia con tanta aspereza aturde por más oda o empolvadura que acabe diciendo sí, que era el barquero quien a flote mostraba el furor de atar al glande sobre el forro disfrazable que a duras desdeñaba una pérdida de palinodia en cuya escasez iban los amantes la noche antes refregando el óxido del sextante y en el escozor del corzo polvos de lisonjero o un tacto total de mínima musa que no pasa al posar para víctima celestial vestida a veces de ceremoniosas sedas y por eso de moda no pasas con el talle de falda donde escrita dirás que la belleza tiene siempre dieciocho años y si exagero que al pulso vuelva el ampo de los ópalos como suelen los números o un dozavo a la altura de soledumbre llenando de felicidad a mi tercera mano que termina una tregua cuando abreviada y distraída se enturbia por quitarse el barro del comienzo y de la boca la paja impostada de su divo delante del espejo que no sé con qué sed de adoncelados juntando en la alta lombriz a la luciérnaga que al tararear de la miserable musiquilla por los patios rediga, que vaya ella con cal llena como en las películas a continuar la fuga final de su ficción hogareña y si así lo haces toma en mí casa un alma nueva la que pongo en la puerta para que rápida pases pero hay otro y la sé y me quemo en los lienzos que entrampan la razón del deseo al desvestirte las enaguas y hacia el echarpe de leches para el mando que a borrar mi baba viene cansado ante lo telúrico de quien arrastrado del ojo al badajo dejará en el cráter su mancha lamosa de aldabas que por olas lamian como miles que la hicieron y por saberlo, en la rima de traspasar el pasmo siguiendo los cercos que hueco y larva separan he debido posponer el no al revés de la derrota hasta que la indivisible desarrope los destellos gorjeantes a conjugar al augur según los ajenos y al gajo dejar la niebla por ser o el helado lago halagando en el logos la fe del alfa y el omega: la felicidad que refracta, del principio al delfín.

Eduardo Espina, escritor uruguayo.