Quinquela Martín
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sábado, 13 de noviembre de 2021

“Tríptico de la noche (II)” de Teófilo Cid

  

Cuantos vienen a mirarte te miran desde un solio de egoísmo bajo el cual una cisterna brota que embrida a los astros.

No pueden suponer que el día nace de tus sombras, el día que concede su luz a cualquier hombre y que también nos sirve para odiarnos.

En ti yo encuentro los semblantes más amados, el de una ciudad que invierte sus tejados en el agua y el de un puente de salud sobre dolencias pálidas. (Recuerdo como aludes de agua fresca, viejos recuerdos donde las diarias preocupaciones crean fútiles regatas.)

Por eso a ti recurro, ¡oh noche!, para impetrar tu sombra, tu mano enguantada de negro, tu dominó de olvido, porque ellos, los paseantes que ahora llegan de la mano, puedan quedar prendidos como jíbaros de espuma al primitivo silencio de tus astros extasiados. ¡Oh emblema nupcial! ¡Oh dulce acorde transpirado! La noche tiene ahora escudo de armas como reina, dos miradas, dos alientos, dos palabras que el silencio crispa en un augurio de cemento eternizado.

 

domingo, 30 de mayo de 2021

"Tríptico de la noche (I)" de Teófilo Cid

 

¡Oh noche! ¡Oh noche! Detén a los paseantes con el rumor de aurora de tus astros extasiados.

El amor es la razón de tus árboles dormidos, del silencio que corre por tus venas aurorales porque en ti las bocas son nidos y las palabras aves que pronuncian tu mensaje.

¡Oh noche! Detén a los paseantes que surgieron como una onda física, como un axioma en flor. Detenlos en la aurora de sus besos, perfílalos de umbral contra el silencio, que sea eterno el ángulo que dibujan sus deseos. ¡Oh noche! Tú que tienes el valor del día y que escondes en tu índole un sol nuevo.

Tú puedes contra el tiempo revivir en verdes pinos, azular el espacio detenido en una huella, hacer que el lecho vibre con un ópalo… ¡Oh noche! Tú que puedes detener a los amantes, detén a estos viajeros que han llegado sin aliento. Son ellos los viajeros que ayer partieron desde un beso y que ahora se pasean por un nimbo sin designios. Ahora sus pupilas centellean, cruzan sus espadas para quedar impresas en panoplia eternizada. Ellos tienen un secreto que compartir contigo, un secreto que un pensil de instinto ha levantado. ¡Oh noche! Detén a los amantes con el rumor de aurora de tus astros extasiados.

domingo, 4 de abril de 2021

"Canto primero" de Teófilo Cid

 

La soledad es un reflejo de las horas dichosas
Por su espiral las zonas blancas
Que aparecen como causa de las negras
Vierten en la hondura su compacto mecanismo
Y los recuerdos calzan zapatos puntiagudos
Sobre el cojín de las sienes apagadas.

La soledad es un estanque con faunas de alcohol
Millares de pálidas tribus de nicotina
Canoas frágiles de sed
Y un cielo que interceptan nubes ebrias.

Vencido por sus aguas hojarasca soy
Árbol de río de azúcar
Lluvia angélica tostada por el sol
Mi soledad es un paraguas que se quiebra
Como un trozo de voz.

En torno a su eje
Brillantes lagartos trepan
Y hay siesta en el trigal.

Yo recuerdo una mañana sombría
Exactamente equilibrada para aquellos años
De extenuación y niñez
Los faroles temblaban bajo el remo de la lluvia
Yo miraba, yo miraba
Un bello témpano de amor tendido junto a mí.

Pasé la mano sobre el dorso azul
Y vi que los astros eran tiernas dependencias
De mis oídos
Que los sonidos de la luz eran dulces vertederos
De palabras de amor
Y creí sentirme mixto puente de dos pieles
Para cruzar aquel gran río, aquella ancha ría
Que había entre los dos.

Oh mía entre las mías
Ilumina el resplandor
El negro hálito de adiós
Que yace en toda boca
Ilumina mi verdor
Las praderas que en los besos reverberan
Con sus vacas y sus méritos actuales
Oh amiga, oh virtuosa de la fuga
Que hoy te encuentre nuevamente en mis palabras
Creada por instinto de cansancio
O por valor.

Teófilo Cid, escritor chileno.