Quinquela Martín
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lunes, 18 de octubre de 2021

“Voces para una batalla (II)” de Javier Barreiro Cavestany

 

Dicen que nací para escuchar y recordar

pero mi memoria falla a medida que me hago viejo

además no sé contar

la presencia de un auditorio ávido de sangre y falsas

pasiones

termina por ofender mi ya escasa dignidad

conquistada desde niño sobre el regazo de mi madre

deletreando sonidos que eran lugares objetos

seres para mí desconocidos

todavía hoy al decir azul marino

mi mente se sume en ese desconcierto propio

de quien nombra algo incomprensible

amor orgullo cobardía

que forma tendrán

sin esa música que las encierra en una articulación

caprichosa

pero antes de que mi voz fuese reconocida

antes de poder levantarme para decir: quiero

frente al enjambre de chismosería exaltada

de golpe calla

como hembras prontas para la monta

antes del silencio cargado de presagios colgando de mi

lengua

tuve que aprender a callar

a esconderme como un criminal o leproso

en establos nauseabundos aprendí a amar el estiércol

y la paja

la baba de las bestias el metal

de argollas y cabestros forjados con maestría

para someter a la fuerza pura

tuve que soportar

golpes y odios que mis versos nunca cuentan

burlas y sarcasmos

de los que Disio el idiota se ha librado

porque sólo a mí estaban reservados

y las mujeres suspiraban que nadie

nadie hubiese sido tan bello como yo

de no haberme faltado la vista ni el andar acompasado

hoy sé que lo decían para humillar mi cuerpo

inepto para el amor y la guerra

domingo, 10 de octubre de 2021

“Voces para una batalla (I)” de Javier Barreiro Cavestany

 

A Jorge,

en el umbral de sus 80 años,

por los mares que junios hemos visto,

esta visión…

‘…porque el día de su retorno

ha sido abolido. ‘

Hornero, Odisea.

allá

donde la espuma se mezcla con el resplandor del día

acurrucados

como pidiendo un perdón inmerecido

con andrajos vestidos los imaginan

malolientes de años a la deriva

embrutecidos

y hasta caníbales al timón

si barcos son esos que traen desechos humanos

burla de grupas marinas corcoveando

antes del embuche final

poco a poco se van viendo otras manchas

refieren a mí

ciego desde que vi la luz

según la negra gracia de mis pares

que se amontonan groseramente en la duna

por donde acabo de rodar

oyendo en sus gritos

los de los náufragos que aún no llegan

por la distancia creciente chapoteo

de remos y brazos

despertando el recuerdo de un rostro amado

el calor de otro cuerpo en noches frías

una canción que se apaga

la playa…

desde aquí es brisa en mi frente cansada

tacto de arena finísima escurriéndose

mientras una niña susurra que agitan banderas

y el oleaje se encarniza con más rabia anuncia

el desenlace funesto

y agrieta quillas el rencor de quienes nunca el mar

surcaron

sino el miedo apenas a sus profundidades

golpeando como el sol mi testa calva

que en silencio lo agradece al preguntar:

¿y si no fuesen ellos

los nuestros

llorados en los atardeceres junto al templo ahora en

ruinas

honrados con ofrendas de flores y vino

a las divinidades de este mar

al que también yo pertenezco?

¿y si no fuesen ellos que fuimos olvidando como ramas

infectas

ganado segregado a tiempo del rebaño obediente que

nos alimenta?

¿y si no fuesen ellos…

por qué el santo idiota de la aldea estaría encaramado

a mis débiles hombros

balbuceando con horror y alegría

las mismas sílabas que profería el día de la partida?

no

ya no tendrán fuerzas para arrojarse y nadar hasta la

orilla

dicen los hombres c s descubren un repentino coraje

de qué guerra habrán huido vencidos

por pueblos que nunca conocieron tanta vileza

protestan las mujeres de cuerpos ya blandos

mal amados

en los que a veces me apoyo para acostarme

así los caracoleos que dibujo en mi oscuridad

temblorosa

van tragando una tras otra esas planchas de esperanza

inútil

con ellas va perdiéndose el recuerdo de la gran empresa

porque debía de tratarse de una gran empresa

la que aquellos hombres (o éstos)

iban a acometer

estará escrita en algún rincón

de mi cuerpo flaco y achacoso

donde las vociferaciones se trocan en murmullos

sofocados por un monstruo marino aún sin nombre

a su merced

tripulantes

en la borrosa imagen vuelven a zarpar entre augurios

y sollozos

que esta caja de ecos rescata del olvido a mi pesar.

 

Javier Barreiro Cavestany, escritor mexicano.