Quinquela Martín
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domingo, 22 de agosto de 2021

“Aprisionada por la espuma” de Eunice Odio

 

I

Aprisionada en cárceles de espuma, en la medida de tu cuerpo, no veo pasar la noche, sólo veo el día que entra por tus axilas transparentes y te desnuda.

Veo, amor mío, el lecho donde estamos y compartimos las dádivas, los cielos… Todo lo que nos negó y afirmó como lo que somos: mil años de alegría corporal y materia sin sombra y palabras que se dicen diurnamente porque vienen del aire y hay que oírlas y decirlas a través de los árboles y en lo que no se escribe porque aún no se inventa su nombre; porque su júbilo todavía no ha sido descubierto y las flores de su alrededor aún no son cosas del viento (aún no han ido a un invierno ni regresado a la primavera).

II

Voy a tu cuerpo igual que ir a los ríos, igual que van los ríos a los pájaros y ellos al espacio desatado y florido.

Vengo de ti a la era donde todo es de todos: los que llegan, los que se han ido, los que aún no han venido, los que no volverán…

Porque eso es tu cuerpo: un adentro, un afuera compartido por mí y por el viento, por el mar y los seres que lo guardan; por el color y las embestidas del otoño, y las andanzas del verano ¡que viste cosas silvestres y es custodio de las abejas y funde las hierbas en un crisol matutino, en una prolongación de azucenas.


viernes, 17 de julio de 2020

"Poema segundo (Ausencia de amor)" de Eunice Odio


Amado
en cuyo cuerpo yo reposo,
cómo será tu sueño
cuando yo te he buscado sin hallarte.

Oh,
Amado mío, dulcísimo
como alusión de nardo
entre aromas morenos y distantes,

Cómo será tu pecho cuando te amo.

Cómo será encontrarte cuando es amor tu cuerpo
y tu voz,
un manojo de lámparas.

Amado,
hoy te he buscado
por entre mi ciudad
y tu ciudad extraña,
donde los edificios
no se alegran al sol,
como frutales conchas
y celestes cabañas.

Y andaba yo
con un crepúsculo enredado entre la lengua,

Con aire de laguna
y ropa de peligro.

Me vio desde su torre
un auriga de jaspe,
yo te andaba buscando
por entre el verde olor de sus caballos,


Por entre las matronas
con pañales y pájaros;

Y pensando en tu boca
reposaban mis ojos,
como palomas diurnas
entre hierbas amargas.

Y te buscaba entonces
por las inmediaciones de mi cuerpo.

Tú me podías llegar
desde el suceso cálido.


II
Amado,
hoy te he buscado sin hallarte
por entre mi ciudad
y tu ciudad extraña,

Junto a alquerías errantes
guardadas por el campo
y de agitado pasto vencidas y entornadas.

Y de pronto llegaste,
huésped de mi alegría,
y me poblé de islas
con tu brillante dádiva.

Desde la brisa fresca llegaste
como un niño con un pañuelo blanco
y la noche voló de sueño entre las ramas,
junto al gozo del agua y el rastro de la abeja.

Amado,
en cuyo cuerpo yo reposo
y en cuyos brazos desemboca mi alma,

Cómo será no hallarte en la distancia,
y llegar a tu cuerpo como los alimentos
reanudados al calor de la gracia
necesaria y perdida.

Estar donde no estoy más que de paso,
no estar donde tu aliento me contiene
y me desgarra
como una piedra el alma.

Cómo será tener,
de golpe, el cuerpo dividido
y el corazón entre las manos
congregado y solo.

Amado,
hoy te he buscado sin hallarte
por entre mi ciudad y tu ciudad extraña,
y no te he hallado.

Cómo será buscarte en la distancia.

Eunice Odio (1919 - 1974) poeta costarricense.