Quinquela Martín
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domingo, 26 de septiembre de 2021

"Vuelvo a ser yo misma" de Daisy Zamora

  

Cuando entro con mis hijos a su casa, vuelvo

a ser yo misma.

Desde su mecedora ella

nos siente llegar y alza la cabeza.

La conversación no es como antes.

Ella está a punto de irse.

Pero llego a esconder mi cabeza

en su regazo, a sentarme a sus pies. Y ella me contempla

desde mi paraíso perdido

donde mi rostro era otro, que sólo ella conoce.

Rostro por instantes recuperado

cada vez más débilmente

en su iris celeste desvaído

y en sus pupilas que lo guardan ciegamente.

viernes, 26 de junio de 2020

"Celebración del cuerpo" de Daisy Zamora

Amo este cuerpo mío que ha vivido la vida,
su contorno de ánfora, su suavidad de agua,
el borbotón de cabellos que corona mi cráneo,
la copa de cristal del rostro, su delicada base
que asciende pulcra desde hombros y clavículas.
Amo mi espalda pringada de luceros apagados,
mis colinas translúcidas, manantiales del pecho
que dan el primer sustento de la especie.
Salientes del costillar, móvil cintura,
vasija colmada y tibia de mi vientre.
Amo la curva lunar de mis caderas
modeladas por alternas gestaciones,
la vasta redondez de ola de mis glúteos
y mis piernas y pies, cimiento y sostén del templo.
Amo el puñado de pétalos oscuros, el oculto vellón
que guarda el misterioso umbral del paraíso,
la húmeda oquedad donde la sangre fluye
y brota el agua viva.
Este cuerpo mío doliente que se enferma,
que supura, que tose, que transpira,
secreta humores y heces y saliva,
y se fatiga, se agota, se marchita.
Cuerpo vivo, eslabón que asegura
la cadena infinita de cuerpos sucesivos.
Amo este cuerpo hecho con el lodo más puro:
semilla, raíz, savia, flor y fruto.

viernes, 19 de junio de 2020

"Al pie de la diosa blanca" de Daisy Zamora

Es cierto que te he traicionado.
Por años te pospuse con argumentos vanos.
¡Cómo desatendí tus llamados!
Quise taparme los oídos con la dorada
cera de las abejas, pero
no era de sirenas tu canto.
Hasta en sueños me perseguías
e hiciste yunque de mi pobre cabeza
y yo, necia, me negaba a obedecerte. 
Pero prevaleciste, oh Diosa, sobre mí
y sobre la voluntad de quienes quisieron
encadenarme en el antiquísimo rol. 
Tampoco puede decirse que fui cobarde
porque de algún modo supe resistir.
Te filtrabas, aliento que hinchó el alma.
He sobrevivido al menos, Diosa, y te hablo,
vencedora: soy tuya para siempre. 



Daisy Zamora, poeta nicaragüense.