Quinquela Martín

viernes, 18 de septiembre de 2020

“Soleá del amor desprendío” de Manuel Benítez Carrasco


Mira si soy desprendío
que ayer, al pasar el puente,
tiré tu cariño al río.

Y tú bien sabes por qué
tiré tu cariño al río:
porque era hebilla de esparto
de un cinturón de cuchillos;
porque era anillo de barro
mal tasao y mal vendío,

y porque era flor sin alma
de un abril en compromiso,
que puso, en zarzas y espinas,
un fingimiento de lirios.

Tiré tu cariño al río,
porque era una planta amarga
dentro de mi huerto lírico.

Tiré tu cariño al agua,
porque era una mancha negra
sobre mi fachada blanca.

Tiré tu cariño al río
porque era mala cizaña
quitando savia a mi trigo;

y tiré todo tu amor,
porque era muerte en mi carne
y era agonía en mi voz.

Tú fuiste flor de verano,
sol de un beso, luz de un día;
yo te cuidaba en mi mano,
y en mi mano te acunaba,
y tu, por pagarme, herías
la mano que te cuidaba.

Pero al hacerlo, olvidabas
(tal vez por ingenuidad),
que te di mis sentimientos
no por tus merecimientos
sino por mi voluntad.

Yo no puse en compraventa
mi corazón encendío;
y has de tener muy en cuenta

que mi cariño no fue
ni comprao ni vendío,
sino que lo regalé.

Porque yo soy desprendío;
por eso te dí mi rosa
sin habérmela pedío.

Porque yo soy desprendío
y doy las cosas sin ver
si se las han merecío.

Por eso te di mi vela,
te di el vino de mi jarro,
las llaves de mi cancela
y el látigo de mi carro.

Ya ves si soy desprendío
que ayer, al pasar el puente,
tiré tu cariño al río.

“Tu voz” de Romeo Murga


Tu voz, eso es lo que amo, más que tu corazón y casi más que a ti; esa cosa invisible que sale de tus labios, y junto a mis oídos, triste, viene a morir; esa cosa tan dulce con que tú me respondes y con que aquella tarde me dijiste que sí.
Tu voz, eso es lo que amo. ¡qué bonita es tu voz! Más que tu cuerpo todo y más que toda tu alma.
¡Qué manera que tienes de embellecer las sílabas, gotas del encantado surtidor de tu charla! ¡como vibra en el aire la música pequeña de tu voz, perfumada de evocaciones claras! ¡Con qué dulzura pende de tu boca graciosa en invisible y diáfano rosario de palabras!
Tu voz, eso es lo que amo; el eco triste y trémulo de tu alma triste y trémula; eso que cuando callas, se aleja hacia la sombra, y cuando vas a hablarme, desde la sombra llega.
Amo tu voz, tan tenue como la brisa que pasa rozándole los pétalos al clavel de tus labios, y otras veces tan ruda, que al escucharla ha sido como si un viento ronco me desbaratara el alma.
cuando tu voz me canta, bella fuente escondida, se hace alegre la turbia tristeza de mis tardes. Amada, no me pidas que te bese en la boca; tu boca es para hablarme. No quieras que te colme de efusión amorosa; yo soy para escucharte, solo para escucharte.
Háblame siempre. Siempre, menos en mi agonía, porque si en esa hora tu voz me acariciase, ya la gloria de Dios no me sabría a gloria, y encontraría débil el coro de los ángeles.


Romeo Murga (1904-1925), poeta chileno.

“A la poesía” de Manuel Rueda

Voy hacia ti. Derribo los cerrojos
que guardan tu morada. Entreabro puertas
que dan a salas frías y desiertas
solo encendidas por celajes rojos.
La memoria me guía, de tus ojos
la luz de tus verdades encubiertas,
y tiemblan celosías casi muertas
cuando voy tras tu soplo y tus sonrojos.
Dónde estás, dónde estás, tú, la que ansío,
forma de mi desvelo y mi vacío
susurrando en mis últimas estancias.
Dura carne de amor en el espejo

donde vives dormida entre distancias


entregándome sólo tu reflejo.


martes, 15 de septiembre de 2020

“Desde abajo” de Aurora Olmedo


Cuando yo miraba el mundo desde abajo
todo eran tan grande que una planta me parecía un bosque,
Mi cuerpo parecía era un manojo de pájaros donde todo era asombro.
Y la felicidad era fácil y el llanto también
cuando las monjas de mi escuela
me ponían en penitencia por mi mala caligrafía.
Yo jugaban con soldaditos porque las muñecas me aburrían
y los jazmines de mis abuelos eran mi mejor paraíso.
Cuando yo miraba el mundo desde bajo…


“Pudor a la vuelta de la arruga” de Aurora Olmedo


Nos dijimos adiós sin siquiera habernos presentado
porque así son los estragos de la madurez.
El amor fue una crucifixión con mártires a cuenta
una contradicción de adultos a la fuga.
un sudor de la lluvia vuelta nada en el viento.
No nos atrevimos nunca.
Un atardecer que se estaba suicidando de belleza
nos vio mirarnos y partir sin decirnos nada,
con la absurdidad del miedo y un pudor a la vuelta de la arruga
justo donde el aire se convierte en asfixia.

“El amor entre nosotros” de Aurora Olmedo


El amor entre nosotros fue como un duelo de crepúsculos,
una censura de besos con candaditos sin llaves,
y un orgullo no resuelto saltando en nuestros gestos inventados.
Fue una batalla de versos con rima, sin rima y con resguardos,
Fue un amor con disfraces de sotanas góticas,
con tus huestes de inquisidores y una hoguera para mí
porque bruja me llamaste y no te perdonaste mis hechizos.
Y rasgaste mi piel en plena fuga, en pleno esplendor de muslos habladores.
Y yo, libre, solamente anhelando una fruta madura
entre los dientes blandos que no logró la mordedura.
Fue como un diluvio de lágrimas pesadas como plomos sobre ceniceros
y una servilleta de papel escrita en el bar a la vuelta de la luna.