Quinquela Martín

jueves, 1 de diciembre de 2022

"Fundación mítica de Buenos Aires" de Jorge Luis Borges

 

¿Y fue por este río de sueñera y de barro

que las proas vinieron a fundarme la patria?

Irían a los tumbos los barquitos pintados

entre los camalotes de la corriente zaina.

Pensando bien la cosa, supondremos que el río

era azulejo entonces como oriundo del cielo

con su estrellita roja para marcar el sitio

en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.

Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron

por un mar que tenía cinco lunas de anchura

y aún estaba poblado de sirenas y endriagos

y de piedras imanes que enloquecen la brújula.

Prendieron unos ranchos trémulos en la costa,

durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo,

pero son embelecos fraguados en la Boca.

Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo.

Una manzana entera pero en mitá del campo

expuesta a las auroras y lluvias y suestadas.

La manzana pareja que persiste en mi barrio:

Guatemala, Serrano, Paraguay y Gurruchaga.

Un almacén rosado como revés de naipe

brilló y en la trastienda conversaron un truco;

el almacén rosado floreció en un compadre,

ya patrón de la esquina, ya resentido y duro.

El primer organito salvaba el horizonte

con su achacoso porte, su habanera y su gringo.

El corralón seguro ya opinaba Yrigoyen,

algún piano mandaba tangos de Saborido...

A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:

La juzgo tan eterna como el agua y como el aire.


"Tratando a la sombra roja" de Alejandra Pizarnik

 

su soledad maúlla

ceros y ceros

vertiente de olores ingenuos

retina ante desconocido

las brisas sonantes

retornan picando

su ser de sonrisas

y dientes abiertos

reír en la noche soleada

del vigoroso participio

"Vagar en lo opaco" de Alejandra Pizarnik

 

mis pupilas negras sin ineluctables chispitas

mis pupilas grandes polen lleno de abejas

mis pupilas redondas disco rayado

mis pupilas graves sin quiebro absoluto

mis pupilas rectas sin gesto innato

mis pupilas llenas pozo bien oliente

mis pupilas coloreadas agua definida

mis pupilas sensibles rigidez de lo desconocido

mis pupilas salientes callejón preciso

mis pupilas terrestres remedos cielinos

mis pupilas oscuras piedras caídas

domingo, 13 de noviembre de 2022

"Nemo" de Alejandra Pizarnik

 

no llegará lejos el día de raro verdor

en que cantaré a la luna odiada que da luz a mi espesa cabeza cortada

a la navaja

que da luz a los vientos brutales

a las flores agudas que arden en los dedos bajo las curitas benignas

a la estrella que se oculta cuando se la llama

a la lluvia húmeda contoneándose en su desnudez repulsiva

el sol amarillo que traspasa las pieles marcando oscuras huellas

el relojito enviado desde el infierno interruptor de los bellos sueños

a los mares helados arrastrando basuras olas cintillos dorados ardores

en los ojos

"Ser Incoloro" de Alejandra Pizarnik

 

(al conejito que se

comía las uñas)

costura desclavada en mi caos humor diario

repiqueo infinito arpa rayada

cadáveres llorosos mar salino

tu opacidad quitará fuentes de verde jabón

banderines colorados

en mano derecha de uñas comidas

sábado, 5 de noviembre de 2022

"La Tregua" de Mario Benedetti

Viernes 15 de febrero

Para rendir pasablemente en la oficina, tengo que obligarme a no pensar que

el ocio está relativamente cerca. De lo contrario, los dedos se me crispan y la

letra redonda con que debo escribir los rubros primarios me sale quebrada y sin

elegancia. La redonda es uno de mis mejores prestigios como funcionario.

Además, debo confesarlo, me provoca placer el trazado de algunas letras como

la M may úscula o la b minúscula, en las que me he permitido algunas

innovaciones. Lo que menos odio es la parte mecánica, rutinaria, de mi trabajo:

el volver a pasar un asiento que y a redacté miles de veces, el efectuar un

balance de saldos y encontrar que todo está en orden, que no hay diferencias a

buscar. Ese tipo de labor no me cansa, porque me permite pensar en otras cosas

y hasta (¿por qué no decírmelo a mí mismo?) también soñar. Es como si me

dividiera en dos entes dispares, contradictorios, independientes, uno que sabe de

memoria su trabajo, que domina al máximo sus variantes y recovecos, que está

seguro siempre de dónde pisa, y otro soñador y febril, frustradamente

apasionado, un tipo triste que, sin embargo, tuvo, tiene y tendrá vocación de

alegría, un distraído a quien no le importa por dónde corre la pluma ni qué cosas

escribe la tinta azul que a los ocho meses quedará negra.

En mi trabajo, lo insoportable no es la rutina; es el problema nuevo, el pedido

sorpresivo de ese Directorio fantasmal que se esconde detrás de actas,

disposiciones y aguinaldos, la urgencia con que se reclama un informe o un

estado analítico o una previsión de recursos. Entonces sí, como se trata de algo

más que rutina, mis dos mitades deben trabajar para lo mismo, y a no puedo

pensar en lo que quiero, y la fatiga se me instala en la espalda y en la nuca,

como un parche poroso. ¿Qué me importa la ganancia probable del rubro Pernos

de Pistón en el segundo semestre del penúltimo ejercicio? ¿Qué me importa el

modo más práctico de conseguir el abatimiento de los Gastos Generales?

Hoy fue un día feliz, sólo rutina.