Quinquela Martín

domingo, 13 de noviembre de 2022

"Nemo" de Alejandra Pizarnik

 

no llegará lejos el día de raro verdor

en que cantaré a la luna odiada que da luz a mi espesa cabeza cortada

a la navaja

que da luz a los vientos brutales

a las flores agudas que arden en los dedos bajo las curitas benignas

a la estrella que se oculta cuando se la llama

a la lluvia húmeda contoneándose en su desnudez repulsiva

el sol amarillo que traspasa las pieles marcando oscuras huellas

el relojito enviado desde el infierno interruptor de los bellos sueños

a los mares helados arrastrando basuras olas cintillos dorados ardores

en los ojos

"Ser Incoloro" de Alejandra Pizarnik

 

(al conejito que se

comía las uñas)

costura desclavada en mi caos humor diario

repiqueo infinito arpa rayada

cadáveres llorosos mar salino

tu opacidad quitará fuentes de verde jabón

banderines colorados

en mano derecha de uñas comidas

sábado, 5 de noviembre de 2022

"La Tregua" de Mario Benedetti

Viernes 15 de febrero

Para rendir pasablemente en la oficina, tengo que obligarme a no pensar que

el ocio está relativamente cerca. De lo contrario, los dedos se me crispan y la

letra redonda con que debo escribir los rubros primarios me sale quebrada y sin

elegancia. La redonda es uno de mis mejores prestigios como funcionario.

Además, debo confesarlo, me provoca placer el trazado de algunas letras como

la M may úscula o la b minúscula, en las que me he permitido algunas

innovaciones. Lo que menos odio es la parte mecánica, rutinaria, de mi trabajo:

el volver a pasar un asiento que y a redacté miles de veces, el efectuar un

balance de saldos y encontrar que todo está en orden, que no hay diferencias a

buscar. Ese tipo de labor no me cansa, porque me permite pensar en otras cosas

y hasta (¿por qué no decírmelo a mí mismo?) también soñar. Es como si me

dividiera en dos entes dispares, contradictorios, independientes, uno que sabe de

memoria su trabajo, que domina al máximo sus variantes y recovecos, que está

seguro siempre de dónde pisa, y otro soñador y febril, frustradamente

apasionado, un tipo triste que, sin embargo, tuvo, tiene y tendrá vocación de

alegría, un distraído a quien no le importa por dónde corre la pluma ni qué cosas

escribe la tinta azul que a los ocho meses quedará negra.

En mi trabajo, lo insoportable no es la rutina; es el problema nuevo, el pedido

sorpresivo de ese Directorio fantasmal que se esconde detrás de actas,

disposiciones y aguinaldos, la urgencia con que se reclama un informe o un

estado analítico o una previsión de recursos. Entonces sí, como se trata de algo

más que rutina, mis dos mitades deben trabajar para lo mismo, y a no puedo

pensar en lo que quiero, y la fatiga se me instala en la espalda y en la nuca,

como un parche poroso. ¿Qué me importa la ganancia probable del rubro Pernos

de Pistón en el segundo semestre del penúltimo ejercicio? ¿Qué me importa el

modo más práctico de conseguir el abatimiento de los Gastos Generales?

Hoy fue un día feliz, sólo rutina.

"La Calumnia" de Rubén Darío

 

Puede una gota de lodo
sobre un diamante caer;
puede también de este modo
su fulgor oscurecer;
pero aunque el diamante todo
se encuentre de fango lleno,
el valor que lo hace bueno
no perderá ni un instante,
y ha de ser siempre diamante
por más que lo manche el cieno.

"Alejamiento" de Marilina Rébora


 Resultará forzoso el cruel alejamiento

 y habrá que decidirse, como lo inevitable, lo mismo que aceptamos la violencia del viento, el rugido del mar o el tiempo inexorable.

Habrá que tener ánimo en el fatal momento para abdicar de todo lo que nos fue agradable, y saber resignarnos en el recogimiento con el gesto tranquilo ante lo inapelable.

Los ojos en el cielo, frente al azul del día, serán dulce consuelo las venturas de otrora 

el hogar de la infancia, juventud, poesía,

y al alumbrar la luna, al filo de la sombra, tendré la paz ansiada, y llegará la hora en que cerca de Dios, tan sólo a Dios se nombra.

Marilina Rébora, poeta argentina.

“La mala racha" de Eduardo Galeano

Mientras dura la mala racha pierdo todo. Se me caen las cosas de los bolsillos y de la memoria: pierdo llaves. lapiceras, dinero, documentos, nombres, caras, palabras. Yo no se si será gualicho de alguien que me quiere mal y me piensa peor, o pura casualidad, pero a veces el bajón demora en irse y yo ando de pérdida en pérdida, pierdo lo que encuentro, no encuentro lo que busco, y siento mucho miedo de que se me caiga la vida en alguna distracción.