Quinquela Martín

jueves, 17 de junio de 2021

“Farewell” de Pablo Neruda

 

Desde el fondo de ti, y arrodillado,
un niño triste, como yo, nos mira.

Por esa vida que arderá en sus venas
tendrían que amarrarse nuestras vidas.

Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.

Por sus ojos abiertos en la tierra
veré en los tuyos lágrimas un día.

                        2

Yo no lo quiero, Amada.

Para que nada nos amarre
que no nos una nada.

Ni la palabra que aromó tu boca,
ni lo que no dijeron las palabras.

Ni la fiesta de amor que no tuvimos,
ni tus sollozos junto a la ventana.

                        3

(Amo el amor de los marineros
que besan y se van.

Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.

En cada puerto una mujer espera:
los marineros besan y se van.

Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.

                        4

Amo el amor que se reparte
en besos, lecho y pan.

Amor que puede ser eterno
y puede ser fugaz.

Amor que quiere libertarse
para volver a amar.

Amor divinizado que se acerca
Amor divinizado que se va.)

                        5

Ya no se encantarán mis ojos en tus ojos,
ya no se endulzará junto a ti mi dolor.

Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada
y hacia donde camines llevarás mi dolor.

Fui tuyo, fuiste mía. Qué más? Juntos hicimos
un recodo en la ruta donde el amor pasó.

Fui tuyo, fuiste mía. Tu serás del que te ame,
del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo.

Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste.
Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy.

...Desde tu corazón me dice adiós un niño.
Y yo le digo adiós.


“La Reflexión” de Paulo Coelho

 

Loren Eisley (en “El Alma del Mundo”, editado por P. Cosineau):

 

“A través de cuantas dimensiones deberemos pasar, y cuantas formas de vivir

debemos probar en esta existencia? ¿Cuántos caminos tiene el hombre obligación

de recorrer hasta llegar al punto donde decidió llegar?

“El viaje es difícil, largo, a veces imposible: y a pesar de ello conozco pocas

personas que se hayan dejado detener por estas dificultades. Entramos en el

mundo sin saber bien lo que sucedió en el pasado, cuáles son las consecuencias

que de ello se derivan, y qué es lo que nos puede reservar el futuro. Es como si

nuestros padres estuvieran en una caravana – y, de repente, nosotros nacemos

en mitad del trayecto.

“Procuraremos viajar lo más lejos que podamos. Pero, mirando el paisaje a

nuestro alrededor, sabemos que no será posible conocer y aprender todo.

“Entonces, nos resta recordar todo sobre nuestro viaje para que podamos contar

historias. A nuestros hijos y nietos, relataremos las maravillas que vimos y los

peligros que corrimos. Ellos también nacerán y morirán, contarán sus historias a

sus descendientes, y la caravana aún no habrá llegado a su destino.”


“Días y noches te he buscado” de Vicente Huidobro

 

Días y noches te he buscado. 

Sin encontrar el sitio en donde cantas. 

Te he buscado por el tiempo arriba y por el río abajo. 

Te has perdido entre las lágrimas.

Noches y noches te he buscado. 

Sin encontrar el sitio en donde lloras. 

Porque yo sé que estás llorando. 

Me basta con mirarme en un espejo. 

Para saber que estás llorando y me has llorado.

Sólo tú salvas el llanto. 

Y de mendigo oscuro. 

Lo haces rey coronado por tu mano.

 


“Al rencor” de Victoria Ocampo

 

No vengas, te conjuro, con tus piedras;
con tu vetusto horror con tu consejo;
con tu escudo brillante con tu espejo;
con tu verdor insólito de hiedras.

En aquel árbol la torcaza es mía;
no cubras con tus gritos su canción;
me conmueve, me llega al corazón,
repudia el mármol de tu mano fría.

Te reconozco siempre. No, no vengas.
Prometí no mirar tu aviesa cara
cada vez que lloré sola en tu avara
desolación. Y si de mí te vengas,

que épica sea al menos tu venganza
y no cobarde, oscura, impenitente,
agazapada en cada sombra ausente,
fingiendo que jamás hiere tu lanza.

Entre rosas, jazmines que envenenas,
¿por qué no te ultimé yo en mi otra vida?
Haz brotar sangre al menos de mi herida,
que estoy cansada de morir apenas.


“Alguna noche insomne” de Vidaluz Meneses

 

Alguna noche insomne,
sentada al borde de la cama
los pies en mullidas zapatillas
y la tristeza enroscando
como un gato su cola en mis tobillos,
contemplo su tranquilo descanso,
su confinado sueño,
como si aún flotaran
en la acuosa seguridad de mis entrañas


sábado, 5 de junio de 2021

“Las trampas del tiempo” de Eduardo Galeano

 

Sentada de cuclillas en la cama, ella lo miró largamente, le recorrió  el cuerpo desnudo de la cabeza a los pies, como estudiándole las pecas y los poros, y dijo:

-Lo único que te cambiaría es el domicilio.

Y desde entonces vivieron juntos, fueron juntos, y se divertían  peleando por el diario a la hora del desayuno, y cocinaban inventando y dormían anudados.

Ahora este hombre, mutilado de ella, quisiera recordarla como era.

Como era cualquiera de las que ella era, cada una con su propia gracia y poderío, porque esa mujer tenía la asombrosa costumbre de nacer con frecuencia.

Pero no. La memoria se niega. La memoria no quiere devolverle nada más que ese cuerpo helado donde ella no estaba, ese cuerpo vacío de las muchas mujeres que fue.