Quinquela Martín

miércoles, 8 de diciembre de 2021

"Me sirve y no me sirve" de Mario Benedetti

 

Me sirve y no me sirve La esperanza tan dulce, tan pulida, tan triste, la promesa tan leve, no me sirve. No me sirve tan mansa la esperanza

La rabia tan sumisa, tan débil, tan humilde, el furor tan prudente no me sirve. No me sirve Tan sabia tanta rabia.

El grito tan exacto si el tiempo lo permite, alarido tan pulcro no me sirve. No me sirve tan bueno Tanto trueno

El coraje tan dócil la bravura tan chirle, la intrepidez tan lenta no me sirve. No me sirve tan fría la osadía.

Si me sirve la vida que es vida hasta morirse, y el corazón alerta sí me sirve. Me sirve cuando avanza la confianza.

Me sirve tu mirada que es generosa y firme, y tu silencio franco sí me sirve. Me sirve la medida de tu vida.

Me sirve tu futuro que es un presente libre, y tu lucha de siempre sí me sirve. Me sirve tu batalla sin medalla.

Me sirve la modestia de tu orgullo posible, y tu mano segura sí me sirve. Me sirve tu sendero, compañero.

"El fuego perdido (I)" de Roberto Obregón

 esta señal de la aurora

 la traían en su corazón

Popl Vuh III, cap. VI

No podemos encender la hoguera Mojado está el bosque podridos están los troncos No podemos quebrar los colmillos del frío Arrancar Y recobrar nuestros huesos entumecidos En la humedad en el agua nos ha tocado prender la hoguera En la oscuridad en la noche nosotros somos la región más espesa A oscuras sesionamos bajo la helada Y conferenciamos sobre nuestro qué hacer De cómo allí los muertos continúan jugando un gran papel en la guerra De qué manera se escogen entre todos Quiénes llevarán a la espalda el mayor peso en los ratos de agudo peligro Acérquense los del fuego Los enamorados de la vida nos calentaremos con estos nuestros corazones Hechos leña bajo este rudo temporal Pero contentos


Roberto Obregón, poeta nacido en Guatemala.

"Diálogo con el Maestro - El Sexo 2" de Paulo Coelho

(continúo la trascripción de notas de mis conversaciones con J., en el período de

1982 a 1990).


- Ya que tenemos que cambiar nuestra actitud con relación al sexo, ¿cuál es el

primer paso?

- Ya te lo dije: la entrega. Las personas piensan que, antes de permitirse cualquier

placer, necesitan resolver todos sus problemas, y no es exactamente así. Las

personas solo resuelven sus problemas cuando se permiten ser ellas mismas.

Sucede, sin embargo, una cosa muy curiosa: en el acto sexual somos

extremadamente generosos, y nuestra mayor preocupación es justamente con

respecto a nuestra pareja. Pensamos que no conseguiremos darle el placer que

se merece, y a partir de ahí nuestro placer también disminuye o desaparece por

completo.

- ¿No es un acto de amor, como decías?

- Depende. En verdad es un acto de culpa, de encontrarse siempre por debajo de

las expectativas de los otros. En una situación como esa, la palabra “expectativa”

debe ser desterrada por completo. Si estamos dando lo mejor de nosotros

mismos, no hay de qué preocuparse.

Es preciso ser conscientes de que cuando dos cuerpos se encuentran, están

entrando juntos en un territorio desconocido. Transformar eso en una experiencia

cotidiana es perder la maravilla de la aventura.

Si, entretanto, nos dejamos guiar en este viaje, terminaremos descubriendo

horizontes que nunca hubiéramos podido imaginar que existieran”.

- ¿ Existe alguna llave?

- La primera es: tú no estás solo. Si la otra persona te ama, está sintiendo las

mismas dudas, por más segura que pueda parecer.

La segunda: abre la caja secreta de tus fantasías y no tengas miedo de

aceptarlas. No existe un patrón sexual, y tú necesitas encontrar el tuyo,

respetando solamente una prohibición: jamás hacer nada sin el consentimiento del

otro.

La tercera: da a lo sagrado el sentido de lo sagrado. Para eso es necesario tener

la inocencia de un niño y aprender a aceptar el milagro como una bendición. Sé

creativo, purifica tu alma a través de rituales que tú mismo inventas – como crear

un espacio sagrado, hacer ofrendas, aprender a reír junto al otro para romper las

barreras de la inhibición. Entiende que lo que estás haciendo es una manifestación

de la energía de Dios.

La cuarta: explora tu lado opuesto. Si eres hombre, procura a veces pensar y

actuar como una mujer, y viceversa.

La quinta: entiende que el orgasmo físico no es exactamente el único objetivo de

una relación sexual, sino una consecuencia, que puede suceder o no. El placer

nada tiene que ver con el orgasmo, sino con el encuentro.

La sexta: sé como un río, fluyendo entre dos márgenes opuestas, como montaña y

arena. De un lado está la tensión natural, del otro está la relajación completa.

La séptima: identifica tus miedos, y compártelos con tu pareja.

Y, finalmente, la octava: permítete sentir placer. Así como estás ansioso para dar,

la otra persona también quiere hacer lo mismo. Si cuando dos cuerpos se

encuentran, ambos quieren dar y recibir, los problemas desaparecen.

Dice Alejandro Lowen que el comportamiento natural del ser humano es estar

abierto a la vida y al amor. Sin embargo, nuestra cultura nos hace creer que no es

así, que debemos estar cerrados y desconfiados. Pensamos que actuando de esta

manera no seremos heridos por las sorpresas de la vida pero lo que sucede en

realidad es que no la estamos aprovechando nada.

"Derrochador de encanto" de William Shakespeare

 

Derrochador de encanto, ¿por qué gastas
en ti mismo tu herencia de hermosura?
Naturaleza presta y no regala,
y, generosa, presta al generoso.

Luego, bello egoísta, ¿por qué abusas
de lo que se te dio para que dieras?
Avaro sin provecho, ¿por qué empleas
suma tan grande, si vivir no logras?

Al comerciar así sólo contigo,
defraudas de ti mismo a lo más dulce.
Cuando te llamen a partir, ¿Qué saldo
podrás dejar que sea tolerable?

Tu belleza sin uso irá a la tumba;
usada, hubiera sido tu albacea.

"La rosa eterna" de Xavier Abril

 

En la mañana vacía
vestida de su alborada;
en la tarde fenecía
cual la rosa de la nada.

Estaba abierta de día,
de noche estaba cerrada;
cantaba como gemía,
sentía cuanto lloraba,

La flor del mundo ignorada,
que sólo el alma adivina,
de su tallo se alejaba
a ser la rosa divina.

"Vuelvo a clavar" de Pilar Adón

 

Vuelvo a clavar por los marcos
rajados de humedad
las chinchetas de cabezas rosadas
y puntas fieles
que ingresan en la madera
y se asientan como flechas
para soportar el peso invariable
de las manitas
de mis muñecas.
Con vestidos de niña
aterciopelada.

Vuelvo a observar el susto aterrado
de las caras andrajosas
de mis muñecas hembras.
Y vuelvo a temer (imaginar)
un temblor en sus ojos.
De harina.