Quinquela Martín

sábado, 5 de junio de 2021

“Las trampas del tiempo” de Eduardo Galeano

 

Sentada de cuclillas en la cama, ella lo miró largamente, le recorrió  el cuerpo desnudo de la cabeza a los pies, como estudiándole las pecas y los poros, y dijo:

-Lo único que te cambiaría es el domicilio.

Y desde entonces vivieron juntos, fueron juntos, y se divertían  peleando por el diario a la hora del desayuno, y cocinaban inventando y dormían anudados.

Ahora este hombre, mutilado de ella, quisiera recordarla como era.

Como era cualquiera de las que ella era, cada una con su propia gracia y poderío, porque esa mujer tenía la asombrosa costumbre de nacer con frecuencia.

Pero no. La memoria se niega. La memoria no quiere devolverle nada más que ese cuerpo helado donde ella no estaba, ese cuerpo vacío de las muchas mujeres que fue.


“Rayuela” de Julio Cortázar

 

Capítulo 7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si

saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta

cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca

que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida

entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en

tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu

boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al

cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan

entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas

se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas

la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene

con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu

pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como

si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de

fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un

breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella.

Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar

contra mí como una luna en el agua.


“De que se ríe” de Mario Benedetti

 

(Seré curioso)

En una exacta
foto del diario
señor ministro
del imposible

vi en pleno gozo
y en plena euforia
y en plena risa
su rostro simple

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

de su ventana
se ve la playa
pero se ignoran
los cantegriles

tienen sus hijos
ojos de mando
pero otros tienen
mirada triste

aquí en la calle
suceden cosas
que ni siquiera
pueden decirse

los estudiantes
y los obreros
ponen los puntos
sobre las íes

por eso digo
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

usté conoce
mejor que nadie
la ley amarga
de estos países

ustedes duros
con nuestra gente
por qué con otros
son tan serviles

cómo traicionan
el patrimonio
mientras el gringo
nos cobra el triple

cómo traicionan
usté y los otros
los adulones
y los seniles

por eso digo
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

aquí en la calle
sus guardias matan
y los que mueren
son gente humilde

y los que quedan
llorando de rabia
seguro piensan
en el desquite

allá en la celda
sus hombres hacen
sufrir al hombre
y eso no sirve

después de todo
usté es el palo
mayor de un barco
que se va a pique

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe.


“Segadores, afuera, afuera” de Tirso de Molina

 

Segadores, afuera, afuera,
dejen llegar a la espigaderuela.

Quién espiga se tornara
y costara lo que costara
porque en sus manos gozara
los rosas que hacen su cara
por agosto primavera.

Segadores, afuera, afuera,
dejen llegar a la espigaderuela.

Si en las manos que bendigo
fuera yo espiga de trigo,
que me hiciera harina digo
y luego torta o bodigo
porque después me comiera.

Segadores, afuera, afuera,
dejen llegar a la espigaderuela.

Si yo me viera en sus manos
perlas volviera los granos,
porque en anillos galanos
en sus dedos soberanos
eternamente anduviera.

Segadores, afuera, afuera,
dejen llegar a la espigaderuela.


“Desahogarme” de Valentina Aguirre


Me siento confundida, ¿Quizás perdida?.

 

Me siento llena pero vacía.

Siento que te amo, pero a la vez te odio

Porque después de tanto amarte,

Solo logre ilusionarme.

Sólo… te pido que me desahogues

 

Así luego olvidarte…


“Canción a una muchacha muerta” de Vicente Aleixandre

 

Dime, dime el secreto de tu corazón virgen,

dime el secreto de tu cuerpo bajo tierra,

quiero saber por qué ahora eres un agua,

esas orillas frescas donde unos pies desnudos se bañan con espuma.

 

Dime por qué sobre tu pelo suelto,

sobre tu dulce hierba acariciada,

cae, resbala, acaricia, se va

un sol ardiente o reposado que te toca

como un viento que lleva sólo un pájaro o mano.

 

Dime por qué tu corazón como una selva diminuta

espera bajo tierra los imposibles pájaros,

esa canción total que por encima de los ojos

hacen los sueños cuando pasan sin ruido.

 

Oh tú, canción que a un cuerpo muerto o vivo,

que a un ser hermoso que bajo el suelo duerme,

cantas color de piedra, color de beso o labio,

cantas como si el nácar durmiera o respirara.

 

Esa cintura, ese débil volumen de un pecho triste,

ese rizo voluble que ignora el viento,

esos ojos por donde sólo boga el silencio,

esos dientes que son de marfil resguardado,