Quinquela Martín

miércoles, 18 de junio de 2025

Un amor sin salida "los abuelos" de Alejandro Nisim Joaquin

 

Laura y Daniel habían decidido vivir juntos, temporalmente en la casa que solía ser de él, para que los chicos no sufran más cambios. Pasadas varias semanas los hijos de Daniel se habían ajustado gradualmente a la nueva dinámica en la casa. Una tarde, mientras estaban ocupados organizando algunos muebles en el patio trasero, vieron a los abuelos de los chicos, los padres de Claudia, caminando hacia la casa con expresión preocupada en sus rostros. Laura notó la tensión en el ambiente y miró a Daniel. Él suspiró profundamente, sabiendo que ese momento era inevitable y que tendría que enfrentar algunas preguntas difíciles.

Los abuelos, Don Miguel y Doña Lucía, se acercaron con cautela, Don Miguel miró a Daniel con intensidad, mientras Doña Lucía observaba a Laura con una mezcla de curiosidad y preocupación. Comenzó Don Miguel en tono serio, querían saber dónde estaba Claudia, le preocupaba no saber nada de ella desde semanas. Daniel se aclaró la garganta antes de responder, consciente de que necesitaba manejar la situación con delicadeza. Entendía la preocupación de ambos, pero habían tomado la decisión de separarse. Doña Lucía lo interrumpió con un suspiro de sorpresa y cara de preocupación, sentía que Daniel estaba mintiendo.

Daniel miró a Laura brevemente antes de continuar. Con Claudia habían tenido problemas en la relación durante mucho tiempo y ella había decidió que era mejor para todos separarse, le explicó a Doña Lucia, tratando de elegir sus palabras con cuidado. Don Miguel, preocupado por los chicos, quería saber dónde estaban sus nietos, cómo estaban y quién los estaba cuidando. Laura decidió intervenir, sintiendo la necesidad de aclarar la situación y ofrecer tranquilidad a los abuelos, les contó que los chicos estaban con ellos, en la casa y que ella los estaba cuidando mientras Daniel y Claudia atravesaban este momento difícil. A Doña Lucía se le desfiguró la cara al escucharla, aún tenían preguntas, pero ahora querían ver a sus nietos. Lo dijo con una firmeza en la voz que Daniel aceptó inmediatamente proponiéndoles que vayan al parque de la casa, los chicos estaban jugando ahí.

Daniel les aseguró que Claudia estaba bien, tomando tiempo para sí misma, trabajando en un acuerdo para que ellos puedan ver a los niños regularmente,  esperando tranquilizarlos. Los abuelos salieron al parque a reencontrarse con sus nietos, se escuchaban risas y muestras de alegría que venían del jardín. Laura miró a Daniel con gesto de incertidumbre.

Una vez que los abuelos se fueron, Laura y Daniel se miraron el uno al otro, aunque habían enfrentado una conversación difícil, se abrazaron, fortalecidos por el apoyo mutuo. En cambio, Don Miguel y Doña Lucía se sentían cada vez más angustiados por la falta de noticias, a pesar de las promesas de Daniel, la incertidumbre se había vuelto insoportable para ellos. Finalmente, decidieron tomar medidas más drásticas.

Una tarde, Laura y Daniel estaban en la casa ocupados con los chicos cuando un oficial de policía llamó a la puerta. Daniel abrió, y su rostro se tensó al ver al oficial uniformado que se presentó y les informó que los padres de Claudia habían denunciado su desaparición. Laura se acercó a Daniel, que se presentó como el esposo de Claudia, preguntándole si podían hablar dentro de la casa. Una vez dentro, se sentaron en la sala de estar. El oficial sacó una libreta y una birome listo para tomar notas. Les explicó que los padres de Claudia no le creían a Daniel y estaban muy preocupados porque no habían tenido contacto con ella durante meses. Habían acudido a la policía porque necesitaban saber que había pasado con su hija.

Daniel se mostraba sereno, repitió que Claudia lo había dejado, a él y a los chicos. Ella necesitaba espacio y tiempo para reflexionar sobre su vida, él no sabía mucho de ella desde entonces, pero tenía una dirección que le había dejado escrita por si había una emergencia. Daniel fue a su escritorio, en la sala quedaron el oficial y Laura que miraba al piso, cuando volvió estaba con un papel en la mano con la información que Claudia le había proporcionado. El oficial tomó el papel y lo miró detenidamente, era un dato nuevo que cambiaba el rumbo de la investigación. Tenía que verificar esa información, el domicilio estaba ubicado en un pueblo de la Patagonia, mientras tanto, necesitaba que ellos lo mantuvieran informado sobre cualquier noticia o contacto que puedan tener con Claudia. Laura intervino solo para expresar que querían lo mejor para Claudia y los chicos, pidiéndole sinceramente que haga todo lo posible para encontrarla y asegurarse de que ella esté bien. El oficial la miró con seriedad, agradeció la cooperación y les prometió que los iba a mantener informados sobre cualquier novedad.

Después que el oficial se fue quedaron en silencio, procesando lo que había sucedido. La situación se había vuelto más seria y complicada.  Laura estaba preocupada y se preguntaba si realmente Claudia estaba bien. Daniel suspiró, mirando a los chicos que jugaban en la sala, no lo sabía, sólo esperaba que esté bien y que pudieran resolver esto pronto. A Laura le inquietaba por qué él no había dicho antes que Claudia había dejado una dirección. Él, visiblemente cansado, había pensado que no era relevante, ella le había pedido espacio y él había respetado su decisión.

Laura lo miró con desconfianza, sentía que le estaba ocultando cosas y quería saber que más no le había dicho. Daniel la miró con expresión endurecida, la tensión en la habitación era palpable. Dio un paso atrás tomando aire profundamente, estaba haciendo lo mejor que podía, era una situación es difícil para todos, Laura accedió, pero sus ojos mostraban que aún no estaba satisfecha con las respuestas de Daniel, necesitaba que él sea completamente honesto, no podía seguir viviendo en la incertidumbre.

 

 

Un amor sin salida "Nunca le haría daño" de Alejandro Nisim Joaquin

Laura no podía sacarse la sensación de que había algo más en todo esto. Su intuición le decía que Daniel estaba ocultando algo. Una noche decidió enfrentarlo, estaban en la sala de estar y ella no podía contener más sus sospechas, quería hablar con él. Daniel, que estaba sentado en el sofá levantó la vista y con voz cansada le preguntó sobre qué quería hablar, ya le había contado todo lo que sabía. Laura lo miró fijamente, sus ojos estaban llenos de determinación. Lo confrontó, sentía que había algo más y mucho peor. Había estado pensando en todo y creía que él le había hecho algo malo a Claudia. Daniel  quedó perplejo, con su rostro perdiendo todo color le contestó que era absurdo, como podía siquiera pensar en eso. Ella no se dejó intimidar, él callaba más de lo que decía, Claudia había desaparecido sin dejar rastros y él estaba lo más tranquilo, como si supiera algo. Daniel se levantó enfurecido, le aseguró que esto seguro era un plan de Claudia para castigarlo y en cualquier momento iba volver, ella no sabía de lo Claudia que era capaz, tenían sus problemas, pero nunca le haría daño ¡Nunca! Le gritó en la cara. Laura mantuvo su postura, quería que le dijera la verdad. Daniel la miró con furia, le juraba que no le había hecho nada. Laura, aunque desconfiaba, notó temor genuino en los ojos de Daniel, pero no podía dejar de lado sus sospechas.  Él bajó la mirada, visiblemente perturbado, Laura, cansada, se sentó en el sofá tratando de madurar lo que Daniel decía.

El tiempo transcurrió lentamente desde la última conversación entre ellos. La tensión en la casa era evidente y la incertidumbre sobre sus futuros juntos se cernía sobre ellos hasta que la situación dio un giro dramático.

Una mañana un grupo de oficiales de policía llegó a la casa. Ella estaba en la cocina preparando el desayuno cuando escuchó los golpes fuertes en la puerta.  Daniel se adelantó para abrir y se encontró nuevamente con el oficial que los había visitado, junto a varios policías más. Tenían orden para allanar el domicilio y la camioneta de Laura, en relación con la desaparición de Claudia. Detrás del grupo policial había una cantidad considerable de periodistas con cámaras y micrófonos.

Laura sintió un nudo en el estómago. Mientras los oficiales se dirigían a la camioneta estacionada en el camino de entrada, no podía comprender por qué necesitaban revisar su vehículo, pero su intuición le decía que algo terrible estaba por suceder. Se unió a Daniel en la entrada, su rostro mostrando confusión y miedo. El oficial les informó que habían recibido información que sugería que podría haber más de lo que inicialmente creían. Los policías se dividieron en dos grupos, unos ingresaron a la casa, registrando cada habitación con precisión y otro grupo se dirigió a la camioneta de Laura, que se sentía impotente mientras veía cómo los policías revisaban sus pertenencias, buscando alguna evidencia que pudiera vincularla a la desaparición de Claudia.  

Después de lo que pareció una eternidad, uno de los policías encontró una caja en el fondo de un armario del dormitorio principal, contenía varios artículos personales de Claudia, incluyendo joyas, sus documentos, varias tarjetas de crédito, el teléfono celular y el pasaporte, ¿Qué es esto? Les preguntó el oficial sosteniendo la caja frente a ellos. Daniel se quedó pálido, incapaz de dar una respuesta inmediata, Laura lo miró y le exigió que diera una respuesta. Él balbuceó tratando de encontrar una explicación, contestó que Claudia debió dejarlo aquí antes de irse, no sabía que estaban en la casa. El oficial se quedó mirándolos, dudando de la explicación de Daniel, esto complicaba las cosas. Se iban a llevar lo encontrado como evidencia. Laura, sintiéndose traicionada giró hacia Daniel y le preguntó, delante del oficial, por qué no le había dicho sobre esto. Le preguntó varas veces a los gritos que más le estaba ocultando, Daniel intentó tomarla de la mano, pero ella se apartó. Él le juraba que no lo sabía, no entendía cómo estaba eso ahí.

De repente se escuchó desde el vehículo  ¡Acá hay algo! Todos se acercaron para ver lo que se había encontrado. En el compartimento trasero escondido bajo la alfombra del baúl, había rastros de sangre y algunas prendas ensangrentadas que pertenecían a Claudia. Todas las miradas giraron hacia Laura. Ninguno de los dos podían salir de la ciudad, iban a ser citados a la comisaría para responder algunas preguntas.  Ella se quedó helada, incapaz de creer lo que estaba ocurriendo. El allanamiento finalmente terminó, los oficiales se llevaron las evidencias encontradas y Laura, con lágrimas en los ojos, fue filmada por los periodistas que le preguntaban desde la puerta de la casa qué había pasado con Claudia.

Las semanas siguientes al allanamiento fueron tensas y cargadas de discusiones. La creciente desconfianza hacia Daniel la estaba carcomiendo, las cosas se habían ido demasiado lejos, quería que él fuera completamente honesto. Ella ya no tenía espacio para más secretos y decidió investigar por su cuenta.

 

 


Un amor sin salida "Quién era Claudia" de Alejandro Nisim Joaquin

 

En los días siguientes la policía comenzó a investigar la desaparición de Claudia. Contactaron amigos, familiares y colegas, tratando de reconstruir sus últimos movimientos antes de su desaparición. Mientras tanto, Don Miguel y Doña Lucía estaban en contacto permanente con la policía esperando noticias. La preocupación y la incertidumbre continuaron creciendo, pero la esperanza de encontrar a Claudia los mantuvo firmes, desde el momento que su desaparición era seguido diariamente por los diarios y televisión de toda la ciudad.

Finalmente, unas semanas después, el oficial volvió a llamar a la puerta de Laura y Daniel. Habían localizado el domicilio que les había dado, pero nadie había visto a Claudia en ese lugar. La nota había sido peritada y resultó que había sido escrita de puño y letra por Claudia. A pesar de eso, la situación puso a Daniel y Laura como sospechosos de homicidio. Laura sintió un enorme peso sobre sus espaldas, frustrada buscaba la manera de llegar a la verdad. Un día, su madre le contó que había contactado a una mujer que era muy amiga de la familia de Claudia. Laura le pidió que fueran juntas a hablar con ella porque necesitaba saber más. Cuando llegaron a la casa le dijeron la razón de su visita y  le preguntaron quién era Claudia.

Ella la describió como una mujer de espíritu libre, una artista que pintaba con los colores de sus sueños y que buscaba, en cada pincelada, la esencia de su libertad, pero estaba atrapada en una red invisible tejida por Daniel, su esposo.

Les contó que Daniel era un hombre de ojos profundos y voz melódica, que desde el primer encuentro había envuelto a Claudia en un torbellino de promesas y afecto, asegurándole que su amor sería eterno, que la protegería del mundo, pero con el tiempo, la pasión se convirtió en posesión, y la protección, en prisión.

Mientras tomaban un té les describió como Claudia comenzó a notar los hilos invisibles que Daniel había tejido alrededor de su vida, no podía salir sin su consentimiento, no podía pintar sin que él aprobara sus temas, no podía soñar sin que él interpretara sus sueños, su alma, antes radiante, ahora se encontraba en una jaula dorada. Recordó que una noche Claudia tomó la decisión, dejaría a Daniel, recuperaría su libertad, su voz, su arte. Preparó su partida en silencio guardando solo lo esencial, aquellos pinceles y lienzos que eran una extensión de su ser. Pero Daniel, como si tuviera un sexto sentido, percibió su intención y así comenzó su incesante lucha por retenerla. Se volvió más encantador, más amoroso, le compró flores cada mañana, organizó cenas a la luz de las velas y susurró promesas de cambio. Sus ojos, siempre vigilantes, buscaban cualquier señal de fuga.

Claudia, atrapada entre el deseo de libertad y el peso del amor que alguna vez sintió, comenzó a dudar. Cada gesto de Daniel era una trampa disfrazada de ternura, una red que la atrapaba más fuerte con cada intento de escapar, pero en el fondo, sabía que su espíritu no podía ser domado. Una madrugada, cuando el cielo apenas comenzaba a teñirse de azul, Claudia se levantó con el corazón resuelto, escribió una breve nota dejando claras sus razones, no había odio, solo una profunda necesidad de encontrarse a sí misma. A la mañana siguiente mientras armaba en secreto sus valijas le llegó un informe de análisis que se había hecho por una incipiente anemia.   Estaba embarazada de gemelos, Lucas y Sofía, y dejarlo se hizo imposible, ahí apareció el verdadero Daniel, el monstruo, el abusivo, el que obtuvo un fabuloso préstamo de dinero de sus suegros, el que después amenazaba con matar a los gemelos si Claudia lo dejaba.

Laura sentía que su cabeza volaba, no entendía nada, dudando le mostró una foto de Daniel a Marina. Ella no dudó, Daniel es un demonio aléjate de él lo más que puedas, le aconsejó. Laura quería saber sí la familia de Claudia era poderosa y abusiva. La respuesta fue un no rotundo, la familia de Claudia son sus padres, ya retirados que viven de una pensión, y sus dos hijos, a los que cuidaba y mantenía con la ayuda de sus padres porque Daniel nunca aportaba nada. Claudia vivía para sus hijos y soportó el maltrato de Daniel por temor a que él los lastime. Ella nunca su hubiera ido sin sus hijos, le tuvo que haber pasado algo malo, concluyó, terminando la conversación.

Mientras volvían a la casa, Laura le confesó a su madre, creo que Daniel le hizo algo a Claudia, tengo miedo que la haya asesinado.

 

 

Un amor sin salida "Alguien quería incriminarla" de Alejandro Nisim Joaquin

 

Laura, definitivamente distanciada emocionalmente de Daniel, no podía dejar de pensar en las prendas con sangre que la policía había encontrado en su camioneta. Una noche los noticieros informaron que se habían encontrado pruebas en un área remota a las afueras de la ciudad que llevarían a concluir que pertenecían a Claudia, quién habría sido asesinada. Al otro día las noticias confirmaron que encontraron ropa y calzado que correspondía a Claudia, y las pruebas forenses revelaron rastros de ADN que vinculaban a dos personas, que aún no tenían identificadas, con las ropas encontradas. Con esta nueva evidencia, la policía arrestó a Daniel y a Laura, a quienes, después de  entregar material genético para compararlo con los rastros hallados, los interrogaron por separado.

Esperando ser interrogada Laura tenía su mente en blanco. No podía comprender cómo había llegado a esta situación, fue llevada a una sala donde un oficial la esperaba, habían encontrado rastros de sangre y prendas en su vehículo que eran evidencia contundente.  Necesitaba decir todo lo que sabía sobre la desaparición de Claudia si quería evitar una condena a perpetua. Laura, con voz temblorosa, respondió que no sabía cómo llegaron esas cosas a su camioneta. Ella no había hecho nada, era inocente. El Oficial la miró con dureza, las pruebas eran claras, necesitaban que fuera honesta. Laura sostuvo que había llegado a la conclusión de que Claudia había sido asesinada y que Daniel era el responsable. Las prendas en su camioneta apuntaban a que alguien quería incriminarla, y él era el único con motivos para hacerlo.

El oficial le contó que, del allanamiento a la casa, se descubrieron más detalles sobre las finanzas de Daniel y su relación con los padres de Claudia. Los documentos secuestrados revelaron que no había ningún instrumento relacionado con un empleo reciente, ni recibos de sueldo, ni acciones, ni contratos de trabajo a nombre de Daniel. En cambio, se encontraron extractos bancarios que mostraban transferencias de grandes sumas de dinero provenientes de la cuenta de los padres de Claudia. Entonces le preguntó, ¿cuál sería el motivo de Daniel para asesinarla si nunca había tenido un trabajo fijo y siempre había dependido económicamente de sus suegros? Laura sintió un nudo en el estómago, no tenía respuestas.

Las horas pasaban mientras Laura respondía a todas las preguntas de la policía, reiterando su inocencia una y otra vez. El oficial le contó que aún no habían encontrado el cuerpo, pero ya estaban trabajando sobre la teoría de homicidio y posterior desaparición del cuerpo. Los únicos sospechosos eran Daniel y ella. Laura, devastada por la noticia se echó a llorar desconsoladamente.

Mientras tanto, su mamá, angustiada por la situación, buscaba desesperadamente la manera de ayudarla y llegó con un abogado dispuesto a tomar la defensa y esclarecer la situación.

La familia de Claudia también fue contactada y, a pesar del dolor, sintieron cierto alivio porque siempre supieron que Laura y Daniel podían estar involucrados más de lo que habían dejado entrever.

A los pocos días ambos fueron excarcelados y, aunque Laura no lo sabía, Daniel la había incriminado en el caso con el objetivo de desviar la atención de sí mismo. Recuperada la libertad, Laura decidió mudarse temporalmente a la casa de su madre.

Un amor sin salida "el juicio" de Alejandro Nisim Joaquin

 

La policía investigaba un presunto homicidio seguido de la desaparición de la víctima, en un mar de dudas e incertidumbres. La última persona que había visto con vida a Claudia era Daniel y los investigadores trataban de resolver el enigma sí Laura había participado del homicidio o sólo en la desaparición del cuerpo. El caso había tomado estado público, con elementos que lo hacían atrapante al ser una historia bañada de misterio. Una joven madre dedicada a sus dos hijos, desaparecida, un marido, el presunto asesino que tenía una amante joven y bonita que lo había dejado cansada de esperar que se divorcie. Ante el asedio de la prensa Laura se recluyó en la casa de su madre, no salía, no recibía visitas, no escuchaba noticias, no prendía la TV, estaba desconsolada e irreconocible.

Inesperadamente la policía recibió el testimonio de un vecino de la casa de Daniel, donde afirmó que, el día de la desaparición, vio humo saliendo de la chimenea, presumiendo así que la pareja se estaba deshaciendo de evidencias incriminatorias, ya que en ese momento había una temperatura de 28 grados en la ciudad.

La madre de Laura llegó a la casa apresurada interrumpiendo sus compras y la abrazó llorando. Laura supuso que la madre se había enterado que venían a buscarla para llevarla presa. No era eso, su mamá se había enterado que cuando la policía allanó la casa de Daniel lo encontró colgado. Se había suicidado dejando una nota, su cuerpo estaba ahora en la morgue y la carta estaba siendo estudiada por los peritos. Aturdida por la noticia Laura se dejó caer de rodillas, el suicidio de Daniel la había dejado en shock. No podía parar de llorar desconsoladamente, repetía que su único delito había sido ser una persona confiada y no creer en la maldad de la gente.

El día no terminó ahí, la policía llegó de nuevo, esta vez con una orden de arresto para ella con el cargo de conspiración para cometer homicidio y encubrimiento, fue esposada, al salir de la casa fue insultada y agredida por la gente que la esperaba. Finalmente, para evitar problemas fue alojada en una prisión federal donde fue interrogada intensamente. A pesar de que seguía manteniendo su inocencia, las pruebas en su contra eran muchas pero circunstanciales.

En la cárcel, mientras esperaba el juicio, su mente no dejaba de dar vueltas a los eventos de los últimos meses. Le insistía a su abogado que quería leer la nota que había dejado Daniel y luego de varias peticiones le fue entregada una copia “Amados hijos, no tengo valor de pagar por algo que no hice, los esperamos para abrazarnos los cuatro en el cielo”.

El juicio fue una experiencia agotadora. Los fiscales presentaron pruebas forenses que vinculaban a Laura con la escena del crimen. Los testimonios de los vecinos y conocidos de Claudia y Daniel no ayudaron a su causa. Los Fiscales mostraron las grabaciones de las cámaras de seguridad del barrio donde vivían Claudia y Daniel,  el día de la desaparición, en la que se ve a Laura manejando una camioneta y parando en contenedores de basura para tirar bolsas negras, donde se hallaron prendas con ADN de la víctima. Además, mostraron prendas con sangre de Claudia secuestradas en la camioneta de Laura.  

La Defensa contestó que Laura había reconocido desde un principio tirar bolsas con cosas de Claudia, pero eso era circunstancial y no probaba su participación en un homicidio. Como defensa a las pruebas forenses, sus abogados argumentaron que Daniel había manipulado la escena del crimen para incriminarla. Sostenían que ella se había cruzado con un psicópata que la usó de coartada y por su culpa había quedado en medio de todo esto. Pero la falta de evidencia directa que apoyara esta teoría debilitó su defensa. Laura, por su parte, se mantuvo firme en su inocencia.

Durante una de las audiencias, una pieza clave de evidencia salió a la luz. Un vecino de Daniel, que hasta entonces había permanecido en silencio por miedo a represalias, testificó haberlo visto moviendo lo que parecía ser un cuerpo envuelto en una manta hacia la camioneta de Laura en la noche de la desaparición de Claudia. Esto proporcionó un rayo de esperanza, pero no fue suficiente para absolverla completamente.

La Fiscalía remarcó las contradicciones sosteniendo que las tres veces que Laura fue llamada a declarar a la policía, hubo inconsistencias en sus dichos. Situación negada por su Defensa, alegando que ella siempre se había declarado inocente, pero el Juez no permitió escuchar las grabaciones de los interrogatorios.

Por último, un vecino de Daniel, a quién se le otorgó inmunidad por un delito de extorsión a cambio de su testimonio, en la última audiencia declaró que Daniel en una oportunidad había dicho “Claudia si me quiere dejar la voy a matar”, a pesar de las quejas de la Defensa el testimonio fue declarado válido.

Al momento de los alegatos la Fiscalía describió a Laura como una mujer enamorada, atrapada en una relación complicada. Lo que según, el Fiscal, la hacía capaz de cualquier cosa.

La Defensa pidió la inocencia de Laura. Les dijo a los Jurados que la investigación dejaba más dudas que certezas.  No había pruebas para condenar, no había nada, ni siquiera un cuerpo. Sostuvo que luego del suicidio del principal sospechoso, Laura era la única persona juzgada por la desaparición de Claudia. Afirmando que la estaban haciendo pagar en lugar de otra persona y que la prensa se había aprovechado de la imagen de Daniel, tergiversando los hechos, por la necesidad de la policía de culpar a alguien y dar respuesta a la presión que había ejercido la sociedad. Luego se le concedió la palabra a Laura que llorando les dijo a los Jurados que era inocente y estaba profundamente triste por Claudia y su familia.

Los doce Jurados iniciaron su deliberación que duró tres días corridos. Mientras las horas pasaban, Laura se hundía más en la desesperación. Su familia y amigos, aunque la apoyaban, empezaban a perder la esperanza de una sentencia favorable. La única persona que seguía luchando incansablemente era su madre, quien se dedicó a revisar cada detalle del caso.

Al momento de oír el veredicto del lado izquierdo de la sala se encontraban los familiares y amigos de Laura, y del otro, en primera fila, los padres de Claudia y sus dos hijos. El Juez le pidió a la Defensa que se ponga de pie para escuchar la decisión de Jurado, el Presidente del Jurado tomó la palabra “al cargo de conspiración para cometer homicidio inocente”, “al cargo encubrimiento de homicidio culpable”. Los padres e hijos de Claudia rompieron en llanto con cierta alegría. La madre y amigas de Laura también rompieron el llantos, pero de tristeza. Recuperado el orden en la sala el Juez sentenció a Laura a diez años de prisión con posibilidad de solicitar libertad condicional al cumplir siete años de condena.

Lo que le tocó vivir a Laura fue una injusticia. Siguieron luchando para demostrar su inocencia, pero la sentencia fue confirmada por la Cámara de Apelaciones. El único error de Laura fue enamorarse de un hombre que la engañó y la manipuló. Cualquiera pudo haber sido víctima de una persona así, la sociedad quería un culpable y ella tuvo que pagar porque Daniel, encima, se suicidó.

Fin

 

 

 

 

 

 

 

 

jueves, 1 de diciembre de 2022

"Fundación mítica de Buenos Aires" de Jorge Luis Borges

 

¿Y fue por este río de sueñera y de barro

que las proas vinieron a fundarme la patria?

Irían a los tumbos los barquitos pintados

entre los camalotes de la corriente zaina.

Pensando bien la cosa, supondremos que el río

era azulejo entonces como oriundo del cielo

con su estrellita roja para marcar el sitio

en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.

Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron

por un mar que tenía cinco lunas de anchura

y aún estaba poblado de sirenas y endriagos

y de piedras imanes que enloquecen la brújula.

Prendieron unos ranchos trémulos en la costa,

durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo,

pero son embelecos fraguados en la Boca.

Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo.

Una manzana entera pero en mitá del campo

expuesta a las auroras y lluvias y suestadas.

La manzana pareja que persiste en mi barrio:

Guatemala, Serrano, Paraguay y Gurruchaga.

Un almacén rosado como revés de naipe

brilló y en la trastienda conversaron un truco;

el almacén rosado floreció en un compadre,

ya patrón de la esquina, ya resentido y duro.

El primer organito salvaba el horizonte

con su achacoso porte, su habanera y su gringo.

El corralón seguro ya opinaba Yrigoyen,

algún piano mandaba tangos de Saborido...

A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:

La juzgo tan eterna como el agua y como el aire.