Quinquela Martín

domingo, 10 de octubre de 2021

“Drama en tres actos” de Gabriel García Márquez

 

Kornelius, el poeta resfriado,

iba para una fiesta.

Llevaba un sobretodo sobre el brazo

y un sombrero en la testa.

Una camisa blanca y una rosa

en la solapa negra.

II

Y Kornelius el alto

renombrado poeta

al salir a la calle

saludó a su colega

el famoso Francisco de Quevedo Villegas.

Estaba lloviznando

el ciclo sin estrellas

mostraba a los humanos

una sonrisa negra

y Kornelius, el alto

renombrado poeta

se resfrió esa noche

sin que se diera cuenta.

III

El salón se alistaba

todo para la fiesta.

Estaba el rey, la reina

y la corte suprema,

el señor secretario,

el conde de Lucrecia.

Ahí llego Konielius,

con su rosa y su ciencia,

se quitó el sobretodo

en la ventana abierta;

y cuando le aplaudía

toda la concurrencia

pidiendo a grandes voces

una canción de guerra,

él sacudió el vestido,

sonrió, bajó la testa,

se aflojó la corbata,

hizo un gesto a la reina

Dijo Dijo (no dijo):

Y estornudó un poema!

“Paradojas” de Eduardo Galeano

 

Un Cerro Chato. Un Arroyo Seco. Un país que tiene tres millones de críticos de cine y muy pocos creadores de cine. Un país que tiene tres millones de directores técnicos de fútbol y cada vez tiene menos jugadores. Un país que tiene tres canales privados de televisión y los tres trasmiten los mismos partidos y los mismos informativos a la misma hora.

O una ciudad, como Montevideo, que tiene pocos taxis, y los taxis hacen el cambio de turno a la misma hora, también, de modo que la palabra sintaxis ha revelado, Mariano, su origen. Yo te lo quería decir antes de que entráramos, porque me parece importante para la lingüística nacional e internacional. ¿De dónde viene la palabra sintaxis, que algunos dicen que viene del griego? Viene de Montevideo, y alude a los problemas del transporte. Entonces, yo digo: éste es un país de paradojas. El Uruguay es el reino de la paradoja. Y a primera vista resulta paradójico el hecho de que un periodista, Samuel Blixen, haya escrito un libro que tiene alto nivel literario. Y que es, además, un libro de historia, aunque él no sea historiador. Y aquí discrepo un poquito con mis dos compañeros presentadores; creo que de algún modo éste es también un libro de historia, un libro muy revelador de lo que es la historia del Uruguay en la segunda mitad del siglo xx. Y no está hecho por un historiador; y está escrito con alto nivel literario, a pesar de que el autor no es escritor. O quizás es escritor y no sabe que lo es, como monsieur Jourdain, el personaje de Molière, hablaba prosa y no sabía que hablaba prosa.

Pero yo digo: ¿será ésta una paradoja en el país de Carlos Quijano? ¿O será que el periodismo, entre nosotros, encuentra a veces expresiones que confirman que la calidad literaria no depende del formato en el que se ofrece? Yo creo que el libro de Samuel es un libro muy bien hecho, muy bien armado, muy ilustrativo, con una enorme cantidad de información que se brinda al lector sin abrumarlo, y que tiene por tema central otra paradoja del país de las paradojas: el símbolo de la dignidad civil en Uruguay es un militar, que se llama Liber Seregni. Quizás sea, como la otra, la del periodismo y la literatura, una paradoja nada más que aparente, porque al fin y al cabo es una paradoja puesta al servicio de la superación de otras paradojas que enferman al país. Como por ejemplo, el hecho de que siendo un país que vive del campo, la población rural quepa en un estadio; como por ejemplo el hecho de que siendo un país que tiene más tierras cultivables que el Japón, sea incapaz de dar de comer a una población 40 veces menor que la japonesa; o el de que teniendo, como tenemos, una población cinco veces menor que la holandesa y un territorio cinco veces más extenso, expulsemos a nuestros jóvenes, y los obliguemos a buscar trabajo y destino en otros suelos, bajo otros cielos; y como si fuera poco, después les neguemos el derecho al voto si no tienen la plata y la posibilidad de venir aquí.

País de paradojas, digo, que tuvo ley de trabajo de ocho horas antes que Estados Unidos. Y hoy, ¿qué uruguayo puede ganarse la vida trabajando nada más que ocho horas? País de paradojas, que tuvo voto femenino antes que Francia. La mujer uruguaya votó por primera vez 14 años antes de que por primera vez votaran las mujeres en Francia. Y hoy las mujeres tienen en la vida política nacional un valor simbólico: la izquierda, el centro y la derecha, en eso estamos todos más o menos igual, ofrecemos el espectáculo de alguna que otra ministra, alguna que otra legisladora, como el antise-mita presenta, para disculparse, a su amigo judío.

País de paradojas, digo, donde los asesinos de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz pueden pasearse tranquilamente, impunemente, por calles que llevan el nombre de Zelmar Michelini y de Héctor Gutiérrez Ruiz. País de paradojas donde muchos políticos denuncian, en los más airados términos, la ineficiencia del Estado, después de que esos mismos políticos, o por lo menos sus partidos, han hinchado al Estado de parásitos y de burócratas inútiles que ejercen la viveza criolla a costa del país.

País de paradojas donde muchos políticos también convocaron al golpe de Estado, y hasta lo hicieron, y después se quejaron de sus propios actos. Un golpe de Estado que no sólo tuvo por víctimas a los civiles, sino también a unos cuantos militares. No sólo al general Liber Seregni, sino a muchos militares a los que yo quiero rendir homenaje esta noche, porque tuvieron y tienen, como el general Seregni, sentido del honor y amor al país. Y por amor al país, amor a esta tierra y a su gente, se negaron a obedecer los dictados de la llamada doctrina de la seguridad nacional, que los obligaba a convertirse en verdugos de su propia tierra y de su propia gente.

La verdad es que el libro abunda en historias útiles para entender un poco mejor y en profundidad el proceso de todos esos años que  tuvo, que encontró en Seregni un símbolo de dignidad democrática. El libro es de algún modo la historia de un militar que fue considerado traidor por sus pares, cuando sus pares estaban traicionando al país; y que fue degradado por ellos al mismo tiempo que el pueblo lo consagraba, porque en los años del terror él encarnó a un sector importante del ejército nacional, civilista, legalista y respetuoso de la Constitución y de la ley.

Yo digo: esa energía y esa voluntad democrática y ese sentido de la dignidad civil, que han convertido a Seregni y a la vida de Seregni en un símbolo nacional, tienen mucho que ver con la voluntad de cambio. Querer al país para cambiarlo; querer al país para que el país pueda ser lo que el país quiso ser en los tiempos lejanos en que fue fundado: una casa de todos y no una cárcel de barrotes invisibles para la mayoría de sus habitantes que viven, de alguna manera, presos de la necesidad o de la desesperanza.

Por amor, necesidad de cambiar las cosas a partir de una certeza de amor. Como en un brevísimo poema de un poeta alemán, que leí en estos días y que copié para leérselos a ustedes. El poeta, que se llama Reinner Kuntze, dice que vive en su país encerrado entre paredes. Siente opresivo su país, como muchas veces nosotros sentimos opresivo el nuestro, tal como está organizado, o mal organizado, tan paradójico, tan patas arriba que camina y tan condenado a las rutinas sucesivas, a la mediocridad sin remedio. Muchas veces nosotros también lo sentimos como una especie de prisión. Y este poeta alemán lo dice muy bien, dice: "Encerrado entre estas paredes, entre estas palabras, en esta cárcel, donde -dice- una y otra vez volvería a nacer". Me pareció bellísimo, porque yo soy de los que creen que sí, que como decía Mariano recién, en el 71 nació algo más que un movimiento político, nació de algún modo otro país, otro país que está dentro de éste, que está en la barriga de éste, un país verde que está en la barriga del país gris. Y en aquellos tiempos muy difíciles, cuando el miedo era mucho, y mucha la violencia, en los tiempos en que el Frente nació, el libro recoge una frase que una muchacha escribió en un pizarrón y que me parece estupenda, y que creo que tiene toda la vigencia del mundo. La muchacha escribió: "Mil miedos juntos hacen un solo gran coraje". Y yo creo que éste era el sentido que el Frente tenía cuando nació, y éste es el sentido que el Frente tiene: un solo gran coraje que resulta de la unión de muchos mieditos dispuestos a luchar contra el miedo de ser, contra el miedo de recordar, contra el miedo de cambiar, y que así van formando un solo coraje grande, destinado a hacer posible que el parto por fin ocurra, que ese país generado dentro del otro país pueda por fin dar sus primeros pasos.

Cuando volví del exilio vi en la calle Rodó un graffiti de mano anónima, como todos los graffitis, que decía: "Hay un país distinto en algún lugar". Pensé, y lo pienso todavía: sí, hay un país distinto en algún lugar y ese lugar es aquí, y es aquí gracias a las muchas mujeres y a los muchos hombres que tienen en hombres como Seregni su más certero símbolo.

Yo le quiero decir a él, como Gerardo: gracias. Y le quiero decir también gracias a Samuel Blixen por habernos ofrecido, de tan linda manera, sus trabajos y sus días.

“Rima I” de Gustavo Adolfo Bécquer

 

Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.

Yo quisiera escribirle, del hombre
domando el rebelde, mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.

Pero en vano es luchar, que no hay cifra
capaz de encerrarle; y apenas, ¡oh, hermosa!,
si, teniendo en mis manos las tuyas,
pudiera, al oído, cantártelo a solas.

“Voces para una batalla (I)” de Javier Barreiro Cavestany

 

A Jorge,

en el umbral de sus 80 años,

por los mares que junios hemos visto,

esta visión…

‘…porque el día de su retorno

ha sido abolido. ‘

Hornero, Odisea.

allá

donde la espuma se mezcla con el resplandor del día

acurrucados

como pidiendo un perdón inmerecido

con andrajos vestidos los imaginan

malolientes de años a la deriva

embrutecidos

y hasta caníbales al timón

si barcos son esos que traen desechos humanos

burla de grupas marinas corcoveando

antes del embuche final

poco a poco se van viendo otras manchas

refieren a mí

ciego desde que vi la luz

según la negra gracia de mis pares

que se amontonan groseramente en la duna

por donde acabo de rodar

oyendo en sus gritos

los de los náufragos que aún no llegan

por la distancia creciente chapoteo

de remos y brazos

despertando el recuerdo de un rostro amado

el calor de otro cuerpo en noches frías

una canción que se apaga

la playa…

desde aquí es brisa en mi frente cansada

tacto de arena finísima escurriéndose

mientras una niña susurra que agitan banderas

y el oleaje se encarniza con más rabia anuncia

el desenlace funesto

y agrieta quillas el rencor de quienes nunca el mar

surcaron

sino el miedo apenas a sus profundidades

golpeando como el sol mi testa calva

que en silencio lo agradece al preguntar:

¿y si no fuesen ellos

los nuestros

llorados en los atardeceres junto al templo ahora en

ruinas

honrados con ofrendas de flores y vino

a las divinidades de este mar

al que también yo pertenezco?

¿y si no fuesen ellos que fuimos olvidando como ramas

infectas

ganado segregado a tiempo del rebaño obediente que

nos alimenta?

¿y si no fuesen ellos…

por qué el santo idiota de la aldea estaría encaramado

a mis débiles hombros

balbuceando con horror y alegría

las mismas sílabas que profería el día de la partida?

no

ya no tendrán fuerzas para arrojarse y nadar hasta la

orilla

dicen los hombres c s descubren un repentino coraje

de qué guerra habrán huido vencidos

por pueblos que nunca conocieron tanta vileza

protestan las mujeres de cuerpos ya blandos

mal amados

en los que a veces me apoyo para acostarme

así los caracoleos que dibujo en mi oscuridad

temblorosa

van tragando una tras otra esas planchas de esperanza

inútil

con ellas va perdiéndose el recuerdo de la gran empresa

porque debía de tratarse de una gran empresa

la que aquellos hombres (o éstos)

iban a acometer

estará escrita en algún rincón

de mi cuerpo flaco y achacoso

donde las vociferaciones se trocan en murmullos

sofocados por un monstruo marino aún sin nombre

a su merced

tripulantes

en la borrosa imagen vuelven a zarpar entre augurios

y sollozos

que esta caja de ecos rescata del olvido a mi pesar.

 

Javier Barreiro Cavestany, escritor mexicano.

“Boca muda” de Ketty Alejandra Lis

 

Boca muda
¿boca-fauces al acecho?
no no
muda
muda
labios en doma y aplanados
brazos como las ramas de un sauce
se confunden y beben la savia de sí mismos
todo musgo las piernas.
Impresiones digitales
¿lenguaje del código genético?
¿cifra de herencia de otras vidas?
ni aquí ni allá somos un nombre 
solo un número o transparencia en clave.
Corre Anikó, mi niña, corre
y ofrécete a quien te ofrezca más
porque tenemos hambre
los circos con enanos y payasos aún no se inventaron
eso vendrá más tarde
cuando se canse el arte de decir que es para todos 
cuando óleos y esculturas
sigan valiendo más que un desdichado
nacido de hembra 
loba solitaria y madre 
andrajos por galas alisando el suelo 
un mar de sal la lengua
de borrachos repletas las tabernas
gritos a granel 
pechos y nalgas manoseados
prodigio de cosechas en las eras 
en los feudos
mendigos en los campos
y mucho vino en jarras de hojalata
atan con un cordón que dobla las esquinas
la vida a la materia
¿Qué es lo real?
¿este rostro con nombre y número en su documento?
¿aquel otro que se cubrió con pieles de carnero
o ese que bajando el puente levadizo de un castillo de Bretaña
salía a cazar ciervos?
¿perteneció a algún clan
luchando por el mismo ideal de William Wallace 
en las montañas de de la vieja Escocia?
¿aulló hasta quebrarse los dientes en la hoguera?
¿usó blusa de fino encaje? ¿gabán de terciopelo?
¿ayudó a preservar algunos alimentos? 
hilera de vasijas 
dádiva de frutas secas
punta 
filo
un puñal 
y la muerte negra y loca
construyendo inexorable la explanada.
- Metzadah, todo se ha perdido 
nada valió nada ni se purificó el desierto 
sólo hemos trazado un círculo engañoso
donde duerme mi cuerpo entre otros cuerpos
pero estoy aún aquí en la planicie 
guardando para mí y protegiendo
la transparente belleza de tu aire -
Todo es sueño soñado en la epidermis y por debajo
el cauce es continuado y se deriva
desde el tramo más caudal del precipicio.
Velo tras velos se espesan y recubren
hilos distintos para la misma urdimbre
añorando la luz que fue el principio del principio
la libertad perdida
la inocencia.
Volver la boca muda
¿para qué al acecho?
miren
tenemos todo aquí
tenemos esta lluvia que corre por encima del rojo-lila-rojo
negro-rojo derramándose en los cuartos
a cielo abierto
miren
tenemos nada aquí
y cómo se hace
tierna tierra maternal ajusticiada
contrapuesta al viaje de regreso
entre un cielo de maleza y un oro de melaza
y cómo se hace
si los brazos-ramas hundidos en el tronco de los sauces
bebiéndose las pestilentes aguas de ellos mismos
van haciendo piruetas igual siglo tras siglo
como si ayer siguiera siendo hoy
hoy
bóveda y sol en la misma curvatura
el cielo y la idea de ese cielo
el agua en alfabeto
el alfabeto nadando sobre el agua
¿la carne es débil?
¿a quién se le ocurrió afirmar a manera de un axioma
tamaña tontería?
la carne es por completo frágil frente al tiempo
él sí que se derrumba débil
línea de flotación delgada 
hundida en el pasado sin palas ni semillas
sin posibilidad alguna de cosechar las mieses.
¿Y cómo se hace sino dejar muda la boca
ajustar tela adhesiva a los dos párpados
y pesar como quien pesa un fardo
el mar de sal de la agotada lengua?

“Amante de las flores” de Louise Glück

 

En nuestra familia, todos aman las flores.
Por eso las tumbas nos parecen tan extrañas:
sin flores, sólo herméticas fincas de hierba
con placas de granito en el centro:
las inscripciones suaves, la leve hondura de las letras
llena de mugre algunas veces…
Para limpiarlas, hay que usar el pañuelo.

Pero en mi hermana, la cosa es distinta:
una obsesión. Los domingos se sienta en el porche de mi madre
a leer catálogos. Cada otoño, siembra bulbos junto a los escalones de ladrillo.
Cada primavera, espera las flores.
Nadie discute por los gastos. Se sobreentiende
que es mi madre quien paga; después de todo,
es su jardín y cada flor
es para mi padre. Ambas ven
la casa como su auténtica tumba.

No todo prospera en Long Island.
El verano es, a veces, muy caluroso,
y a veces, un aguacero echa por tierra las flores.
Así murieron las amapolas, en un día tan sólo,
eran tan frágiles…